<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">
    <id>https://www.diariodebatepregon.com/feed-etiqueta/el-diario-a7997</id>
    <link href="https://www.diariodebatepregon.com/feed-etiqueta/el-diario-a7997" rel="self" type="application/atom+xml" />
    <title>El Debate Pregón</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-02-19T13:40:08+00:00</updated>
        <entry>
        <title>
            Daniel Darío Vuoto: “Soy canillita desde que nací”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.diariodebatepregon.com/locales/daniel-dario-vuoto-soy-canillita-desde-que-naci" type="text/html" title="Daniel Darío Vuoto: “Soy canillita desde que nací”" />
        <id>https://www.diariodebatepregon.com/locales/daniel-dario-vuoto-soy-canillita-desde-que-naci</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.diariodebatepregon.com/locales/daniel-dario-vuoto-soy-canillita-desde-que-naci">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mQ-a_lhCm8rT0cIUvU5tZP7uvDc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2024/11/daniel_vuoto.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El término se originó en el latín canella, que significa caña, por la forma de las piernas de los niños que andaban en bicicleta repartiendo. La figura del canillita se convirtió en un símbolo de la vida urbana en el Río de la Plata. En nuestra ciudad no fue una excepción, y en nuestro diario mucho menos. Una de las figuras emblemáticas del Debate Pregón es la fotografía del primer canillita, que Antonio Castro inmortalizó en un cuadro que embellece nuestra redacción. Una de las instituciones dentro de los canillitas, y alguien que empezó desde muy pequeño haciendo honor al apodo, es Daniel Darío Vuoto, quien conversó con nosotros para evocar aquellos tiempos.&nbsp;“Había que buscarlos en Carbó”“Soy canillita desde que nací porque mi padre ya tenía reparto, y yo empecé a trabajar acá a los 7 años. Hace setenta años seguro. Los diarios en esa época venían por tren a veces y por ahí se demoraban. Llegaban a las diez de la noche, a veces a las ocho o a las nueve. Había que buscarlos en Carbó porque venían por ferrocarril. En aquel tiempo no había micro, todavía. Iba uno a Carbó y nos traía todo. El responsable en ese tiempo era Colazo, el distribuidor. Él los iba a buscar, los traía y los entregaba acá en Gualeguay. Frente al correo, así era en la época que yo empecé”, recuerda.&nbsp;“Por ahí se atrasaba”Eso medios de comunicación tenían sus complicaciones: “Traía todos los diarios: Nación, Clarín, La Prensa, que ahora sale pero muy poco. Todos los diarios que están saliendo. Las revistas venían semanales y era más fácil, pero los diarios eran más difíciles porque por ahí el tren se atrasaba, venía el otro día a la mañana y lo entregaban. No existía la comunicación que hay ahora entre celulares, radio y televisión. Nosotros íbamos en bicicleta a buscarlo acá a Gualeguay. Cuando empecé a ir a lo de Colazo, frente a donde ahora está el correo. Después se dio vuelta y hasta que ahora se maneja en dos partes: Clarín por un lado y La Nación por otro”, comenta y sigue: “En aquel tiempo seríamos seis o siete canillitas nomás. No había tantos quioscos de diarios y revistas. Éramos pocos. Y en el recuerdo de aquellos años tengo al Loco Carbone, Carlos Carbone, que le decíamos El loco. Don Rubino ahí en la calle San Antonio. Después Don Colazo. Unos muchachos Martínez que vivían por el Barrio 25. Éramos seis o siete los que distribuíamos al diario”, precisa.&nbsp;</p><p>Los cambios tecnológicosQuisimos saber de qué manera influyeron las nuevas tecnologías: “Algo se ha perdido, pero no tanto. Ahora se venden muchos más diarios que antes ya que la población se ha agregado, ha aumentado. Pero en proporción no. Teníamos una proporción de diarios mucho mayor. En especial el de los domingos. Al principio, mejoró, pero ahora, en este momento está difícil por lo que ha subido el costo. Es caro. Acá los diarios de Buenos Aires no vienen el lunes, el miércoles y el jueves porque tenemos que ir a buscarlo a Buenos Aires y no nos da el costo. Entonces aumentaron mucho. En su momento, tenía 190 fijos del diario Clarín, por ejemplo, los domingos; y ahora vendo 50. Un desastre cómo ha bajado. Pero también va en el precio, en la situación económica de la gente”, se lamenta. “La gente grande lo sigue pidiendo, el club, el bar. Un día o dos días por semana. Ahora los precios de los diarios de Buenos Aires están muy elevados, pero ¿qué vas a hacer?”. &nbsp;</p><p>La esquina frente a El AguilaSus comienzos fueron en un lugar emblemático que todavía sigue en pie, frente a lo que hoy es la heladería siete colinas: “Cuando empezamos estaba mi padre, y le dieron el kiosco de la esquina. El primer kiosco que hubo en la Plaza Constitución. Era el kiosco de enfrente a la vieja Confitería El Águila. Y ahí está todavía, pero lo que pasa es que cuando llegó un problema no comercial, sino un problema político, por ahí nos quedamos sin el kiosco. Era un clásico. Estaba el bar, el boliche, la vieja confitería. Te cruzabas, te comprabas el diario, ibas a tomar un café. Y el Jockey Club que estaba siempre presente también. Y yo empecé a repartir solo ya a los diez, doce años. A los siete venía acá a la esquina, donde teníamos dos tablitas. Después mi padre pidió un espacio pero había un problema político. Hasta que un día nos dieron. Pero después nos sacaron. Era el clásico ese lugar. Al principio, estábamos ahí y no teníamos nada. Si se largaba a llover, nos íbamos en frente al Águila, a la confitería”, evoca. El mal tiempo podía complicar todo: “Siempre estaba el que se levantaba a la madrugada y ya tenía el diario abajo de la puerta. Por ahí venía el cliente, y si no tenía el diario abajo de la puerta. El problema era cuando llovía, que no se podía echar por ningún lado. Tuvimos muchas cosas buenas y muchas cosas malas también en los repartos. Cuando llovía era un desastre, terminabas mojado entero. Acá trabajábamos mi padre y repartía yo. También estaba mi hermano Raúl Oscar, que falleció. Osvaldo era muy chiquito, el otro más chico. A veces me ayudaba también Pata más que nada cuando viajaba”, explica.&nbsp;</p><p>“Una clientela magistrada”Vuoto recuerda los tiempos de antes, y también se encarga de agradecer a las personas que lo han acompañado siempre: “El día del canillita ha sido un día de festejo permanente. Antes lo festejábamos mucho más, me parece. Ahora hay menos gente. Por supuesto quiero agradecer a toda la clientela que me ha mantenido y siempre hemos tratado de serles fiel. Llevarles lo más temprano posible el diario. Y así es que hemos tenido, hemos hecho una clientela magistrada. Muchísimo tiempo”, cierra.&nbsp;</p>Daniel y su recorrido en el Basket<p>Su otra faceta&nbsp;</p><p>Sin embargo, existe otro aspecto de su vida que queremos mencionar al final y es su relación con el deporte, fiel al apellido: “Era árbitro nacional de básquetbol yo. Y dirigía en la Liga Nacional. Entonces, cuando yo me iba dos o tres días, Pata, que es mi sobrino me reemplazaba. Dirigía en todo el país. El campeonato de la Liga Nacional de Básquet. Lo dirigí mucho tiempo, hasta que cumplí los cincuenta, y después me dieron tres años de gracia. Y ahí ya nunca más”, precisa. Y un club es el que identifica a la estirpe: “Tengo algunas imágenes del fútbol y de básquet. Es como un museo que tengo acá. Y sobre todo de la banda de Libertad. Porque es nuestro emblema. Nacimos ahí y bueno, a la vuelta del club vivíamos. El club era todo para nosotros. Y ahí continuamos”, cierra.&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mQ-a_lhCm8rT0cIUvU5tZP7uvDc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2024/11/daniel_vuoto.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En nuestro país, el 7 de noviembre se celebra el Día del Canillita, que conmemora a los trabajadores de kioscos de diarios y revistas. La fecha también recuerda el fallecimiento de Florencio Sánchez, el autor y dramaturgo que acuñó el término en una de sus obras. La palabra “canillita” se refiere a los vendedores de periódicos y revistas que se mueven por las calles, o a los puestos callejeros fijos.]]>
                </summary>
                                <category term="locales" label="Locales" />
                <updated>2026-02-19T13:40:08+00:00</updated>
                <published>2024-11-19T13:58:46+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Papeles de una cronista flor de ceibo
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.diariodebatepregon.com/locales/papeles-una-cronista-flor-ceibo-n60066" type="text/html" title="Papeles de una cronista flor de ceibo" />
        <id>https://www.diariodebatepregon.com/locales/papeles-una-cronista-flor-ceibo-n60066</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[El Debate Pregón de Gualeguay]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.diariodebatepregon.com/locales/papeles-una-cronista-flor-ceibo-n60066">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sxjIjM5mDg8vo3EfM_UWDiuM_7Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/469/0000469228.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Invitados a las crónicas de María Esther de Miguel (Amadeo Nicolás Darchez, 2021) es el segundo convite de Daniela Churruarín, luego de Invitados al paraíso... (Maizal Ediciones, 2018). Profesora de Lengua y Literatura y especializada en la vida y obra de esta escritora argentina y entrerriana, Daniela nos convoca, en su trabajo de compilación y análisis, a adentrarnos en una faceta quizás no tan conocida de la gran novelista, como lo es la de ser autora de crónicas periodísticas.</p> <p>El libro comienza con un prólogo escrito por Churruarín. Y, por medio de él, entre explicaciones y anécdotas, se refiere a los inicios de María Esther como columnista en el diario La Nación. Analiza la participación de escritores dentro del género periodístico y resume los rasgos más sobresalientes de la columna o crónica de actualidad. Entre ellos destacan la variedad de temas que aborda y su objetivo de trascender la mera información constituyéndose en algo válido para ser recordado, tanto por la perspectiva del columnista como por el uso estético del lenguaje. Y, al hacerlo, sintetiza su propio anhelo como compiladora: "es el mundo personal del articulista el que hace duradero lo efímero. Y es, también, el propio deseo de quien recupera para el hoy estos escritos" (pág. 17).</p> <p>La descripción de los tópicos e inquietudes de la autora así como el modo particular de María Esther de abordar temas diversos, y la actualidad de muchos de ellos, completan la antesala de la parte principal. Esta se trata de una compilación de más de cuarenta crónicas, escritas en su mayoría para el diario El Cronista Comercial, y de aparición semanal cada viernes. También se incluyen algunos artículos especiales para el diario Río Negro y otros inéditos. El criterio de ordenamiento es cronológico. Y en ese orden podemos leerlas, desde las primeras, publicadas originalmente en 1984, hasta las últimas, que llegan hasta 1988.</p> <p>Ahora bien, con la vista puesta en el índice y dejándonos tentar por una propuesta a la manera de Cortázar, podríamos ensayar otros itinerarios. Y abordar, por ejemplo, una de las series más evidentes a la vista de quien esto escribe: la de los elogios. Elogio del vino, del espejo, del optimismo, de los modales, de la "esperoterapia". Otra serie podría ser la de los homenajes, a personalidades de las letras y de la cultura o bien a figuras míticas: "Permanencia del Martín Fierro", "Réquiem para los cuchilleros", "Gardel: permanencia de un mito" podrían componerla.</p> <p>Sus quehaceres de escritora también motivan un conjunto de crónicas, algunas en ocasión de sus viajes y participaciones en concursos literarios y ferias del libro: "en Concordia vi niños (...) con coloreados libros en las manos. Los vi abrir la boca (...) de pura atención auditiva. Los vi gritando, después de una mesa redonda con poetas nativos, no 'que se quede el mago', sino 'que no se vayan los poetas'. ¿Qué me cuentan?" (pág. 57). En sus artículos siempre se alude al escritor como un profesional. Y en ese sentido, en "El escritor en otro día de recuerdo", específicamente, se ocupa de definirlo y de exponer sus demandas, que también son las propias. Para los lectores interesados en explorar los devenires de la escritura, entre artículos inéditos y crónicas publicadas en uno y otro periódico, es posible analizar, en un ejercicio metalingüístico, los papeles de la escritora que formula y reformula sus ideas convertidas en palabras en el diario quehacer.</p> <p>Muchas de las crónicas dan cuenta de su mirada sobre la ciudad, su gente y las costumbres argentinas. En ocasiones establece analogías, retoma anécdotas vividas o que les refieren personas de su entorno, o toma como punto de partida una cita. O bien da cuenta de lo que observa como testigo ocular de lo que emerge a su alrededor. Resuenan, entonces, ecos de las "Aguafuertes porteñas", de Roberto Arlt, no solo al describir distintas postales de la ciudad sino también en la reivindicación de los temas populares y haciendo uso del léxico del pueblo.</p> <p>Como para muestra basta un botón, podemos mencionar la crónica "Honolulu en Palermo". En ella se queja, con reminiscencias borgeanas y sin privarse de la ironía y el humor, de la basura que dejan al marcharse, en un espacio verde del barrio porteño, los "veraneantes anticipados [sin playas] que con toda la desaprensión y el donaire propio de la Perla del Plata, eligen su rincón, extienden sus adminículos playeros (reposeras, ungüentos, toallas, sombrillas... y la mar en coche) y se ponen a adorar a Febo" (pág. 65). Y para completar el cuadro agrega: "Alguna palmerita que más parece escobillón de pobre y otros especímenes vegetales a quienes los pelotazos de los niños no dejan crecer, proveen del necesario espejismo. Y ya tenemos a nuestro Honolulu nativo en acción" (pág. 65).</p> <p>A lo largo de las crónicas afloran aspectos de su vida privada y repartida entre Buenos Aires y su ciudad natal, Larroque. Asimismo, el contexto sociopolítico de la década del '80 con los primeros años del retorno a la democracia constituye el "telón de fondo", tal como señala Churruarín. En ocasiones de manera más explícita, por ejemplo, en "¿Qué nombre le ponemos a la capital?", en relación a su potencial traslado; en otras de manera más indirecta o inevitable. Esto la lleva en ocasiones a contenerse o moderarse: "Pero no quiero introducirme en reflexiones políticas, sino trasladar el ejemplo (el de la botellita a medias llena), al campo personal, privado, digamos" (pág. 39).</p> <p>Con frecuencia suele aparecer un dejo de crítica y reproche hacia los malos modales y ciertas costumbres, como cuando se despacha contra la mufa, el pesimismo; el abuso de la TV, el "noísmo" o síndrome del no, o a los dioses ciudadanos de la burocracia que atienden detrás de una ventanilla. Pero la mayoría de las veces predomina una visión optimista y un llamado a la reflexión luego de exponer una situación, como en "Refundando la esperanza" o en "Pacto de ciudadanos". Asimismo destaca la revalorización de lo propio, por ejemplo, recorrer la ciudad con mirada renovada: "Propongo mirarla con ojos nuevos, de matrimonio recién y legalmente constituido. Con mirada curiosa, que busque la novedad donde siempre encontró instalada la rutina" (pág. 33).</p> <p>Esa invitación también se hace extensiva al resto del país en la crónica "Viajar por lo nuestro", que escribe a partir de un viaje a La Pampa. En ella asegura: "Ya que las divisas escasean tanto como para impedir a la gran mayoría, los viajes al exterior, ¿por qué no convertirnos en turistas flor de ceibo? Les aseguro que tiene su encanto mayúsculo" (pág. 46). Con la expresión "flor de ceibo" se refiere a una viajera tierra adentro y como tal se autodefine, por motivos que prefiere no enumerar pero que bien se podrían inferir.</p> <p>A lo largo de las crónicas, confluyen en armonía dichos populares y frases en otras lenguas; citas de autores, relatos mitológicos; cultismos con expresiones y términos coloquiales propios del habla de los argentinos; la crítica y el humor. Rasgos que aguardan encontrarse con viejos y nuevos lectores.</p> <p>Finalmente se suman, bajo el título "Apostillas a invitados al paraíso de María Esther de Miguel", acotaciones sobre el primer libro que presenta Churruarín. Y se reúnen aportes y testimonios provenientes de distintas voces allegadas a la autora de "El general, el pintor y la dama". Tal como las define Churruarín, estas apostillas constituyen "las posdatas de la tarea de investigación, es decir, aquellos datos que, por una u otra razón, han quedado en el tintero luego del punto final de la tarea" (pág. 161).</p> <p>Como sostiene quien se ha ocupado en los últimos años de estudiar la obra de de Miguel, "Esta oportunidad de hacer públicas sus columnas, retornándolas a la superficie, es también una manera de hacer justicia con aquellos ruegos que hacía por la profesión de escritor, por un salario, por la publicación paga, porque los libros sean noticia y porque se encuentren a disposición de los lectores" (pág. 19). Es también un acto de generosidad y un digno ejemplo a seguir por otros apasionados y estudiosos hacia aquella obra desperdigada o poco accesible de algún escritor olvidado, que aunque lo merezca no ha vuelto a ser convocada en los talleres de imprenta.</p> <p>Qué mejor entonces que retribuírselo a ambas, escritora y compiladora, aceptando esta nueva invitación. Como solía escribir María Esther para dar por concluida alguna de sus columnas: ¡Que así sea!</p> <p> </p> <p> </p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sxjIjM5mDg8vo3EfM_UWDiuM_7Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/469/0000469228.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Les compartimos una reseña de Adriana Gómez, Licenciada en Enseñanza de la Lengua y la Literatura]]>
                </summary>
                                <category term="locales" label="Locales" />
                <updated>2021-04-05T00:00:00+00:00</updated>
                <published>2021-04-05T16:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            &quot;Gajos&quot; Por Guillermo Saccomanno
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.diariodebatepregon.com/nacionales/gajos-guillermo-saccomanno-n59542" type="text/html" title="&quot;Gajos&quot; Por Guillermo Saccomanno" />
        <id>https://www.diariodebatepregon.com/nacionales/gajos-guillermo-saccomanno-n59542</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[El Debate Pregón de Gualeguay]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.diariodebatepregon.com/nacionales/gajos-guillermo-saccomanno-n59542">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8JChknY10E-6bWRsDO9aI9YuvkA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/461/0000461093.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>"Escribir más/ y más de lo mismo es/ otorgar consistencia al jardín", escribe Diana Bellessi motivada por un ginkgo biloba, el árbol que sobrevivió entre las ruinas de Hiroshima. A veces Bellessi escribe con diminutivos. Por ejemplo, al acordarse de sus abuelos arrendatarios en Santa Fe, cuando dice chacrita. Y los diminutivos les conceden a las cosas, a la experiencia de las cosas perdidas, una dimensión de infancia, la realidad percibida en un detalle, ese que adquiere la trascendencia de la magdalena proustiana. A dónde voy, me pregunto y trato de explicarme. Voy hacia eso que dice Carlos Battilana en su libro Una mañana boreal: "Sabe/ con razón/ que esta lluvia/ de infancia/ nos pertenece". La melancolía lo devuelve a un campito. Y también, a propósito de la luz, la mala: "Paz del campo/ que esconde/ la luz de los cementerios". Y remata: "La luz mala/ de las noches y los días/ es esa quietud/ que allí ves". Pero, se interroga, cómo escribir eso que le pasa "alejado/ de cualquier sentimentalismo/ de cualquier/ efusión", cuando dice chacrita. Entonces se ordena: "Escribe/ otra vez./ Una y otra vez". Creo además encontrar ecos, reverberancias de voces paisanas en estas poéticas. Las afinidades, como encajes, suelen sorprender en el fluir de lecturas en apariencia distantes. También me sucede, por ejemplo, entre un verso de Ungaretti y una voz de Porchia y después, desplazada la voz de Porchia, sentir su radiación en Pizarnik, que era amiga y admiradora de este calabrés legendario por su parquedad. "Belleza del que está/ donde no pertenece" escribe Bellessi. Entonces, me pregunto, cuál es la tierra de un abrojo mencionado en tal o cual poema. Acaso sean esas voces intercambiables, fusionándose en un solo discurso poético que nos comprende y, no siempre, sabemos por qué.</p> <p>Hace meses empecé a llevar unos cuadernos donde anoto experiencias de lecturas, por lo general, de poesía. Este diario le viene ganando terreno al íntimo, ese donde registro venturas y catástrofes cotidianas, por lo general -no soy original en esto- teñido por una gravedad que, al recorrerlo, me doy cuenta, me hace sentir, además de poco original, patético. Me enredo en estas disquisiciones mientras el diario de lecturas, como dije, afortunado, le viene restando importancia al íntimo. Inevitable, en el diario de lecturas no pocas veces se filtran observaciones que debieran estar en el otro. El de lecturas, por tanto, como doble, es el diario del otro y, en ocasiones, aún con sus elipsis, no menos íntimo. Es que leo desde mi historia personal las latencias de la cotidianidad que imprime sus vicisitudes a la lectura. Esto me pasa, en especial, al privilegiar la poesía.</p> <p>A dónde voy, me pregunté recién. Un peligro, me digo, es que estas citas, recortes, resulten arbitrarios a los lectores, un popurrí variopinto. Sin embargo, en todos los fragmentos advierto, si se quiere, un sentido. No encuentro otra palabra que lo pueda definir con más transparencia: sentido, eso que se le rehúye a nuestros días. De lo que se trata, en esos poemas, es de capturar aquello que se pianta, la infancia en el ya fue mientras era vivida. Como plantea Battilana refiriéndose a los días de hace años: "La luz de la mañana/ se disuelve/ sobre todas las cosas/ y sobre todos los hechos/ a los que designamos/ con una palabra fugaz/ ya no como forma de la posesión/ sino como testimonio/ o como huella/ de un ojo que mira/ el día/ por primera vez".</p> <p>De entrada me engancharon los poemas de "Así es el fuego" de Mercedes Araujo: una "selva a fogonazos/ nos crece dentro/ y ofrece lluvias, lianas y parásitas/ tantas que hacen del jardín dormido/ rosaleda/ prado/ huerta/ vega, edén y oí/ bajo la escarcha/ como maúllla, croa y ruje/ este vergel". Me llama la atención el "ruje" con jota, que puede ser una errata, pero no estoy seguro porque más tarde nombrará tigres de bengala bramantes. Es decir, habla de una naturaleza a un tiempo suave, envolvente y también peligrosa: "Estrujo ramas, alzo javillas/ y alimento/ un fueguito miserable/ hasta sacarlo infierno".</p> <p>A Bellessi volví a encontrarla este verano en Zavallla, con z, una memoria que editó la Editorial Municipal de Rosario. A Battilana y Araujo, los descubrí por esos días en una edición conjunta de sus obras respectivas publicadas por Club Hem. Retrocedo a lo que denominé voces paisanas, y ahora le encuentro más firme su lógica interna. Bellessi, Battilana, Araujo, son del interior, término que convendría reinvindicar como atributivo de una cualidad del ser. Se me hace más claro al leer a Araujo qué tienen en común estas tres escrituras. Provienen Bellessi de Zabala, Battilana de Paso de los Libres y Araujo de Mendoza. En esa cosa de los yuyitos está quizá uno de los secretos de ser del interior. No andan lejos, probablemente, del bosque de Hölderlin, Novalis y Trakl, ese lugar natal en que se detuvo Heidegger. Y creo sentir la brisa de los pagos fluviales de Juanele, sus versos chinos, ese Gualeguay que puede leerse como Yang Tse y viceversa, proyectándose en los versos vietnamitas de Araujo, "el Mekong de bosques densos/ y vacas esqueléticas/ o rutas derramadas/ como lágrimas o suturas toscas/ entre arrozales/ en los que un millar/ de mujeres/ cosecha de rodillas". Más tarde Araujo se lo pregunta: "¿Y el amor?". Su contestación: "el amor es el peso del mundo/ sin amor no hay descanso/ tampoco creas/ que tenemos una mínima/ incidencia/ sobre las iluminaciones/ o los venenos/ de semejante hiedra".</p> <p>En tanto, los diarios se me complican y otra vez una anécdota que debiera estar en un cuaderno se cuela en el otro. No me sorprendo tampoco si las lecturas vienen a menudo a un tercer diario, este donde publico contratapas los domingos. Hace unos meses escribí una contando cómo unos gajos de unos malvones que eran de mi madre, provenientes de mi casa natal en Mataderos, vinieron a dar a la casa de Olivos donde vive mi compañera. El domingo pasado, en Pacheco, en la casa de mi hija mayor, después de un asadito familiar, cuando nos íbamos, al despedirnos, ella nos detuvo ante un árbol. Extrajo unas hojas. "Pueden usarlas como señaladores. Son del ginkgo de la abuela. Me traje un gajo", aclaró. No pude no pensar en el ginkgo que Bellessi nombra. "Más y más de lo mismo", por qué no. No me pareció mala idea y la asociación de las derivas de los gajos me dio que pensar, si quieren, entre las vueltas del azar y/o el determinismo de la naturaleza, una herencia no siempre evidente. Lo mismo, me digo, suele pasar en la poesía, los gajos de Juanele que bajan por esa corriente que pasa por Bellessi y envuelve a Battilana y Araujo. Gajos que perpetúan otra vida.</p> <p>pagina12.com.ar</p> <p> </p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8JChknY10E-6bWRsDO9aI9YuvkA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/461/0000461093.png" class="type:primaryImage" /></figure>"Escribir más/ y más de lo mismo es/ otorgar consistencia al jardín", escribe Diana Bellessi motivada por un ginkgo biloba, el árbol que sobrevivió entre las ruinas de Hiroshima.]]>
                </summary>
                                <category term="nacionales" label="Nacionales" />
                <updated>2021-03-21T00:00:00+00:00</updated>
                <published>2021-03-21T10:15:00+00:00</published>
    </entry>
    </feed>