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    <title>El Debate Pregón</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2025-04-05T13:00:17+00:00</updated>
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            De las piedras que hieren a la mano que perdona
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                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/emwQKas46-KcPKVkLm3SgDVKt2c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/348/0000348016.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;</p><p>Solemos ser muy rápidos para juzgar a otros, y a la vez lentos para reconocer los propios errores. Para los demás no encontramos (porque no buscamos) situaciones que ayuden a comprender faltas o equivocaciones; en cambio cuando se trata de uno mismo enseguida exponemos justificaciones y razones para las actitudes más cuestionables o deplorables. Siempre estamos a un paso entre la condena lapidaria o la mano del perdón. De las piedras que hieren a la mano de la ternura.</p><p>Hoy se nos proclama una Buena Noticia, tanto para quienes se sienten en condiciones de condenar a otros como para quienes reconocen sus miserias. Todos estamos llamados a la conversión, personal y comunitaria. Así nos enseña Jesús en el Evangelio que se lee en las misas de este domingo (San Juan 8, 1-11), que nos relata el episodio en que escribas y fariseos traen delante de Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. Solicitan una decisión del Maestro que permita condenarla y apedrearla en ese mismo momento hasta morir.</p><p>Imaginemos la escena, las ropas a medio vestir, los gritos, la polvareda, los gestos y miradas acusadores… La mujer sorprendida en adulterio, la ley, los acusadores, el tumulto… Piden castigos ejemplares. Ella calla, ¿qué puede decir?, si a nadie le interesa escucharla.</p><p>Jesús permanece en paz y no se suma a los gritos ni críticas. La respuesta sorprendente: “el que esté libre de pecado… la primera piedra”.</p><p>Una mirada es suficiente. “En adelante no peques más…”. Donde todos veían miseria, pecado, muerte, Jesús le revela a la mujer su vocación a la Santidad.</p><p>Ella tenía la vida rota. Rota por escuchar amores de mentira. Rota porque buscan comprar su cuerpo, su piel, sin acoger su vida y sentimientos. Rota por tener que dar de comer a sus hijos. Rota y casi muerta de miedo por estar a punto de morir herida por las piedras.</p><p>Ante esta escena nos preguntamos, “¿Por qué confía en mí? ¿Por qué siempre una vez más?”. Porque Él sabe que podemos. Sabe lo que está en lo profundo del corazón, aunque los demás vean solo oscuridad.</p><p>En este tiempo de cuaresma todos recibimos el llamado a reconocernos pecadores. En el inicio de este camino cuaresmal las cenizas fueron impuestas sobre todos; no se excluyeron de la fila catequistas, obispos, sacerdotes…</p><p>La actitud de Jesús lleva a no levantar el dedo desde posturas puritanas o dualistas. Todos estamos en camino. La mirada rígida e inclemente es muy distinta de la que se hace cargo, y recibe a la persona como viene. El Papa Francisco nos enseña que “hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día”. Por eso es importante reconocer que “un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades” (EG 44). He conocido jóvenes y adultos en recuperación de adicciones que hacen grandes esfuerzos por celebrar la fe sin entender casi nada, y en cambio quienes conocen intelectualmente lo que pasa en la Misa, se desentienden y no participan.</p><p>Debemos acercarnos con delicadeza y valorar el fervor de los supuestamente alejados, en contraste con la tibieza de los aparentemente cercanos. La delicada caridad en unos y la vergonzosa indiferencia en otros.</p><p>En cambio, Jesús se queda porque hay futuro, hay misericordia, hay amor. Y siempre el amor abre caminos muchas veces impensados.</p><p>El último domingo de la Cuaresma nos llama a convertirnos. Decidite, si todavía no lo hiciste, y acercate a la confesión. Eso de verdad le alegra al Padre.</p><p>Dejemos que Jesús nos mire y nos descubra en lo que somos capaces de realizar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/emwQKas46-KcPKVkLm3SgDVKt2c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/348/0000348016.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En algunos momentos se nos puede plantear un dilema: romper aún más la vida rota, o intentar sanarla. Jesús siempre toma este segundo camino.]]>
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                                <category term="editoriales" label="Editoriales" />
                <updated>2025-04-05T13:00:17+00:00</updated>
                <published>2025-04-05T13:00:00+00:00</published>
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            Resistir sin retroceder ni apartarse del camino
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                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/emwQKas46-KcPKVkLm3SgDVKt2c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/348/0000348016.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Peregrinar no es pasear mirando vidrieras. Tampoco es dar vueltas sin ton ni son. Es dirigirse hacia una meta no negociable. Dar marcha atrás conspira contra las opciones ya tomadas. Desviar el camino nos lleva a gastar fuerzas inútilmente.</p><p>Peregrinar también manifiesta deseos de cambio, búsqueda de algo nuevo y mejor. Quienes se sienten satisfechos con su vida no abandonan fácilmente la zona de confort y las comodidades egoístas.</p><p>El miércoles pasado hemos comenzado la Cuaresma con un rito muy particular que se realiza solamente una vez al año: la bendición e imposición de las Cenizas. Tendremos 40 días hasta el domingo de Ramos, y disponernos a celebrar la Semana más importante de la fe, que por eso la llamamos “Santa”.</p><p>Cada domingo la Palabra de Dios nos va preparando el corazón para mirar nuestra vida y llamarnos a la conversión. Hoy leemos en el Evangelio de San Lucas (4, 1-13) el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto. Jesús venía del río Jordán lleno del Espíritu Santo, después de haber sido bautizado. Él tenía una misión encomendada por el Padre, y la tentación es apartarse de ese camino. Después de ayunar 40 días se le aparece el demonio con propuestas engañosas. Este relato no solo nos habla de Jesús. También nosotros, bautizados y con el Espíritu Santo, somos tentados en algunos momentos de la vida para torcer el camino.</p><p>Podés preguntarte: ¿Cuál es tu misión y vocación?&nbsp;¿Qué es lo que “te tira” para apartarte del camino? ¿Cuáles son las tentaciones que tenés que enfrentar cotidianamente? Contemplando a Jesús podemos aprender el modo no sólo de resistir, sino también de vencer. A cada propuesta Él responde con la Palabra de Dios, para manifestar con claridad el origen de la vocación y misión.</p><p>La victoria de Jesús es también nuestra. Él no cedió al facilismo, el poder, la fama. Apoyate en la Palabra de Dios.</p><p>Lamentablemente vemos cuántos están dispuestos a cualquier cosa con tal de alcanzar poder y gloria. Mientras la pasen bien no les interesa la vida de los demás ni traicionar los ideales más nobles. Muchos son los que caen en la idolatría del dinero manchado con sangre en las mafias de la droga, la trata de personas, el tráfico de armas.</p><p>Recemos cada día con humildad, “no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”. La Cuaresma es un tiempo de acompañar a Jesús dejando que Él nos acompañe y fortalezca.</p><p>Cada año el Papa escribe un mensaje que nos ayuda a meditar en alguna dimensión particular de la Cuaresma. Este año nos convoca con el lema, “caminemos juntos en la esperanza”. Nos recuerda que “la vocación de la Iglesia es caminar juntos, ser sinodales. Los cristianos están llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios”. Qué importante que es esta dimensión comunitaria de la fe y compartir el camino con otros. La Cuaresma es de toda la Iglesia que se dispone a las celebraciones pascuales. Somos llamados especialmente a poner los ojos y el corazón en los pobres, los enfermos, los abandonados.</p><p>La solidaridad y cercanía puede suscitar esperanza en los corazones agobiados y afligidos. Mucha gente vive en soledad, sintiendo que a nadie le importa su situación. Excluidos de la sociedad, sin cobijo ni amparo.</p><p>Francisco nos enseña que “el Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para ir hacia Dios y hacia los hermanos, y nunca a encerrarnos en nosotros mismos. Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido”.</p><p>Una de las prácticas de este tiempo es el ayuno. Te propongo que las privaciones puedan ayudar a nuestros hermanos. Podés buscar una cajita que ande olvidada en algún lugar de tu casa, y transformarla en una especie de alcancía. Cada vez que te prives de algo superficial&nbsp;—y si es algo importante, mejor—&nbsp;colocá allí el dinero ahorrado. Al final de la Cuaresma será como tu tesoro a compartir con los pobres. Así, no solo te servirá a vos para moderar tus pasiones, sino también a los pobres para calmar su hambre.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/emwQKas46-KcPKVkLm3SgDVKt2c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/348/0000348016.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Peregrinar no es pasear mirando vidrieras. Tampoco es dar vueltas sin ton ni son. Es dirigirse hacia una meta no negociable. Dar marcha atrás conspira...]]>
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                <updated>2025-03-09T11:00:08+00:00</updated>
                <published>2025-03-09T11:00:00+00:00</published>
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            La preocupación social de la Iglesia
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                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hLi4mh-CP1cy51ddCE4XRPrTXu8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/473/0000473343.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Denunciar las injusticias no es un invento del papa Francisco. La dimensión social de la fe, que arranca en la piedad judía expresada por Moisés y los Profetas. La fe en Dios como Creador del universo nos hacer ver el mundo y sus bienes como un don de su amor. En el proyecto amoroso de Dios no tiene lugar la injusticia, el hambre, la guerra. El corazón humano se aleja de Dios cuando acumula y despilfarra, como denuncia Jesús al hombre rico que derrocha y no tiene en cuenta al pobre Lázaro (Lucas 16, 19-31).</p><p>San Juan Pablo II escribió una Encíclica en 1987 que lleva como título el utilizado en este artículo, “La preocupación social de la Iglesia” (en latín, sollicitudo rei socialis). En el número 33 nos enseña que “No sería verdaderamente&nbsp;digno del hombre&nbsp;un tipo de desarrollo que no respetara y promoviera los&nbsp;derechos humanos,&nbsp;personales y sociales, económicos y políticos, incluidos los&nbsp;derechos de las Naciones y de los pueblos”. Indica de este modo “la&nbsp;contradicción intrínseca&nbsp;de un desarrollo que fuera&nbsp;solamente&nbsp;económico. Este subordina fácilmente la persona humana y sus necesidades más profundas a las exigencias de la planificación económica o de la ganancia exclusiva”.</p><p>Señala además que “en el&nbsp;orden interno&nbsp;de cada&nbsp;Nación,&nbsp;es muy importante que sean respetados todos los derechos” (número 33). Y a nivel global, “tanto los pueblos como las personas individualmente deben disfrutar de una&nbsp;igualdad fundamental&nbsp;&nbsp;sobre la que se basa, por ejemplo, la Carta de la Organización de las Naciones Unidas: igualdad que es el fundamento del derecho de todos a la participación en el proceso de desarrollo pleno”. No se trata entonces de concesiones voluntarias de los jefes de estado, del nivel que sea. Es parte de lo establecido por el Creador y acordado en el ámbito de los organismos internacionales.</p><p>Todos reconocemos que el Papa Francisco es pionero en las llamadas al cuidado del ambiente, las denuncias de sobreexplotación del Planeta, la necesidad imperiosa de “escuchar el clamor de los pobres y el gemido de la tierra” (LS 49).</p><p>Sin embargo, en la Encíclica mencionada, San Juan Pablo II hace un llamado a “tomar&nbsp;mayor conciencia&nbsp;de que no se pueden utilizar impunemente (de la naturaleza) las diversas categorías de seres, vivos o inanimados —animales, plantas, elementos naturales— como mejor apetezca, según las propias exigencias económicas. Al contrario, conviene tener en cuenta la&nbsp;naturaleza de cada ser&nbsp;y&nbsp;su mutua conexión&nbsp;en un sistema ordenado, que es precisamente el cosmos” (número 34) considerando “la convicción, cada vez mayor también de la&nbsp;limitación de los recursos naturales,&nbsp;algunos de los cuales no son, como suele decirse,&nbsp;renovables.&nbsp;Usarlos como si fueran inagotables,&nbsp;con dominio absoluto,&nbsp;pone seriamente en peligro su futura disponibilidad, no sólo para la generación presente, sino sobre todo para las futuras” (ídem).</p><p>Hace un mes se realizaba el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Con esa ocasión Oxfam, una organización comprometida en la denuncia de las desigualdades, presentó un informe que ha titulado “Desigualdad: pobreza injusta y riqueza inmerecida”. Este Informe expresa que en 2024 la riqueza de los 10 hombres más ricos del mundo creció, en promedio, casi 100 millones de dólares por día. Si el 99% de los activos de estos multimillonarios se “evaporaran” de la noche a la mañana, seguirían siendo multimillonarios.</p><p>Y veamos un contraste dramático y de total injusticia, indicado también en el informe. “El Sur aporta el 90% de la fuerza laboral mundial, pero recibe solo el 21% del ingreso laboral agregado. Las diferencias salariales son marcadas: se estima que los salarios de los trabajadores del Sur son entre un 87% y un 95% más bajos, con las mismas habilidades, que los del Norte”. Inadmisible por donde se lo mire.</p><p>El sueño de Dios es una misma familia humana en la casa común. En paz, justicia y solidaridad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hLi4mh-CP1cy51ddCE4XRPrTXu8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/473/0000473343.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Denunciar las injusticias no es un invento del papa Francisco. La dimensión social de la fe, que arranca en la piedad judía expresada por Moisés y los...]]>
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                                <category term="editoriales" label="Editoriales" />
                <updated>2025-02-23T11:00:05+00:00</updated>
                <published>2025-02-23T11:00:00+00:00</published>
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            Aprender la sabiduría de la naturaleza
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oLv6OvzG306VCSAxy1sRGs_46A4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/343/0000343526.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Las alas de las águilas y los cóndores miden muchos metros cuando se despliegan. Las necesitan así para lograr sostenerse en las alturas planeando grandes distancias. Las del colibrí, en cambio, son más delgadas y tienen unos pocos centímetros, suficientes para mantenerse en vuelo ante la flor. La naturaleza es sabia para dotar a las especies según las necesidades. La condición humana no siempre alcanza el mismo grado de sabiduría. Tenemos grandes anhelos, pero no nos disponemos con las exigencias necesarias.</p><p>Para dar avances en el camino sinodal no alcanza el voluntarismo del colibrí. Debemos abrirnos a la obra del Espíritu Santo, para que cumpla en nosotros lo anunciado por el profeta: “les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo” (Ez. 36, 26). Como nos enseña Jesús, “¡a vino nuevo, odres nuevos!” (Lc. 5, 38). Lo primero es la espiritualidad, que nos abre a una mirada desde la fe. No somos un parlamento que delibera, sino la Iglesia comunión a la escucha del Espíritu.</p><p>Simultáneamente es importante revisar las actitudes que nos favorecen o entorpecen el caminar juntos, tu vocación y lugar en la Iglesia, y actualizarnos en las enseñanzas del magisterio respecto de sí misma; todo esto forma parte de lo que llamamos conversión pastoral. En el Documento de Santo Domingo del año 1992 se nos enseña que la conversión pastoral “abarca a todo y a todos en la conciencia, en la práctica personal y comunitaria, en las relaciones de igualdad y autoridad; con estructuras y dinamismos que hagan presente, cada vez más claramente la Iglesia en cuanto signo eficaz, sacramento de salvación universal” (DSD 30).</p><p>Te invito a detenernos para reflexionar y meditar cada frase del texto.</p><p>Abarca a todo y a todos. Nada ni nadie queda excusado de revisarse a la luz del llamado a la conversión pastoral. Todas las vocaciones, ministerios, agentes pastorales, estamos llamados a dejarnos interpelar para ser más fieles a la misión. ¿Sentís que este llamado es también para vos?</p><p>En el ámbito de la conciencia. Necesitamos un cambio de mentalidad. Implica reconocernos todos como miembros activos y corresponsables de la comunidad eclesial. O sea, afirmar que es el Espíritu Santo el que anima y da vitalidad a su Iglesia. Hace falta profundizar en las enseñanzas del Concilio Vaticano II y reconocernos como Pueblo de Dios en marcha.</p><p>En el ámbito de las acciones personales y comunitarias. Estamos marcados por la identidad misionera. Todas las actividades deben estar impregnadas por el intento de llegar a todos con la buena noticia de Jesús. Francisco nos abre su corazón: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para su autopreservación” (EG 27).</p><p>Dejar de lado de una buena vez el “siempre se hizo así” que paraliza la creatividad y adormece el compromiso.</p><p>En el ámbito de las relaciones de igualdad y autoridad. El mayor don que hemos recibido es el Bautismo, que nos hace iguales en dignidad en la comunidad cristiana. Los vínculos de comunión son fundamentales “para que el mundo crea” (Jn. 17, 21). El Documento de Aparecida nos enseña la necesidad de “actitud de apertura, diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y la participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas” (DA 368).</p><p>En el ámbito de las estructuras. Este proceso de conversión nos lleva a estar dispuestos a reformular las estructuras operativas de la Iglesia, llamados a “abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe” (DA 365). Es necesario fortalecer los Consejos Pastorales y de Asuntos Económicos en cada comunidad.</p><p>Demos pasos firmes hacia la conversión que necesitamos. Sigamos caminando como “Peregrinos de la esperanza”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oLv6OvzG306VCSAxy1sRGs_46A4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/343/0000343526.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Las alas de las águilas y los cóndores miden muchos metros cuando se despliegan. Las necesitan así para lograr sostenerse en las alturas planeando gra...]]>
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                <updated>2025-02-16T12:00:09+00:00</updated>
                <published>2025-02-16T12:00:00+00:00</published>
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            Un Dios que se acerca y te habla
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ko4CGU1iuLn_43xZwS-MSGxTy5I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/427/0000427748.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;</p><p>Hoy celebramos en el mundo el Domingo de la Palabra de Dios. El lema que se nos propone está tomado de uno de los Salmos: “Espero en tu Palabra” (Salmo 119, 74).</p><p>Es un acto de confianza, una proclamación de fe. A la vez es una expresión que comunica experiencia de saber que no habrá defraudación. No sé si prestaste atención que en la Misa, antes de acercarnos a recibir la comunión, repetimos la oración hecha por el centurión —un pagano— a Jesús “no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme” (Mt 8, 8); confiamos que la Palabra de Jesús tiene un poder sanador, de purificación.</p><p>En el tiempo de la Navidad en un par de ocasiones hemos leído el capítulo 1 del evangelio de San Juan que, evocando el libro del Génesis, nos dice que “en el principio estaba la Palabra, y la Palabra era Dios”, y crea todo el universo por medio de su Palabra. Para concluir afirmando que “la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14). Una vez más expresión de cercanía y afecto.</p><p>El mismo Pedro reconoce en un momento crucial de enseñanzas difíciles “Señor, ¿a quién iremos?, Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).</p><p>El Evangelio que leemos este domingo nos ubica a Jesús en la Sinagoga leyendo un pasaje del Profeta Isaías. El comentario que hace el Maestro es “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír” (Lc 4, 21). En Él encontramos el cumplimiento pleno de las promesas de Dios. &nbsp;</p><p>Sabemos que Dios se comunica de muchas maneras. Así, por medio de la belleza y majestad de la creación nos expresa su poder y cercanía. Del mismo modo que a un artista lo conocemos por sus obras, a Dios lo empezamos a percibir por medio del universo, fruto de un proyecto de su amor.</p><p>A lo largo de la historia de Israel Dios habló por medio de los Patriarcas, especialmente por medio de Moisés y los Profetas. Y “ahora, en el tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo” (Hb 1, 2).</p><p>Dios nos busca para encontrarnos. Él dialoga con nosotros como amigo. La Constitución Dogmática “Dei Verbum”, acerca de la Divina Revelación, con belleza enseña: “Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía” (Concilio Vaticano II, Dei Verbum 2).</p><p>La Biblia, entonces, no es solamente un libro. Nos comunica una Palabra que busca entrar en diálogo con mi vida, iluminarla, despertarla. Nos muestra el camino para que tengamos vida en abundancia. Nos inquieta y estimula a ponernos en camino para superar el conformismo y la mediocridad.</p><p>Hay un par de gestos que se realizan durante la celebración de la misa y que son bellos. Al inicio, el obispo, el sacerdote y el diácono, besan el altar. Al terminar de proclamar el Evangelio se repite el mismo gesto con el Libro de la Palabra. Es una manera de expresar la fe en que Dios nos alimenta en dos Mesas, la de la Palabra y la de la Eucaristía, ambas necesarias para sostenernos en nuestra peregrinación en la fe. Cristo mismo nos nutre con el pan de la Palabra y el pan de la Eucaristía.</p><p>En el marco de las actividades del Año Santo, se está celebrando en Roma el Jubileo del Mundo de la Comunicación, del 24 al 26 de enero, con el lema “comunicar la esperanza”. Han sido convocados periodistas, operadores de los medios de comunicación, equipos de las Conferencias Episcopales y diversos ámbitos eclesiales y sociales. Durante la semana próxima continuarán desarrollándose encuentros y conferencias.</p><p>&nbsp;</p><p>El 24 de enero, la Santa Sede dio a conocer el mensaje por la 59ª. Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de nuestro Papa. En él habla a los comunicadores y periodistas, les habla al corazón desde el título: “Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones”. Son muchas las ideas que desarrolla, te comparto una que me resultó especialmente honda:&nbsp; Purificar la comunicación de la agresividad. Te sugiero que leas el mensaje completo; como siempre Francisco pone luz en los rincones del alma humana, taconeando verdades tan necesarias.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ko4CGU1iuLn_43xZwS-MSGxTy5I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/427/0000427748.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Hay gente que tiene el defecto de hablar mucho sin decir nada. A veces les llamamos “charlatanes”. Solemos también señalar que hay palabras huecas o vacías. Por el contrario, otras voces nos dejan pensando, llenando de luz el alma.]]>
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                <updated>2025-01-24T20:43:59+00:00</updated>
                <published>2025-01-24T20:43:59+00:00</published>
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            Esperanza sin palabras vacías
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                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9UVtVw2qaZsP1etntA6jt_CKv0o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/380/0000380861.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;</p><p>La Noche Buena y la Navidad se viven de manera diferente en los distintos lugares del planeta. En el llanto de esos niños reconocemos al Niño Jesús. En esos hogares destruidos por las bombas también hay hambre y frío, al igual que en tantas familias en el mundo, y en nuestra Patria. También en ellos reconocemos al Niño Jesús que no es acogido. Familias desplazadas por la guerra que deben escapar con lo puesto. Como la Sagrada Familia debió huir a Egipto ante la persecución.</p><p>En la Navidad celebramos el realismo de una familia marginada, como lo fueron José, María y el Niño perseguido para ser asesinado por Herodes. La vida de la Sagrada Familia fue complicada y dramática en aquellos tiempos. Sin alojamiento en la posada; y luego huir a Egipto, ser extranjeros y buscar trabajo en una cultura desconocida, el desarraigo.</p><p>El clamor de la tierra se suma en este concierto de gritos que quieren que les prestemos atención. Nos están diciendo “aquí estoy, mirame, escuchame”. Me acordaba de una enseñanza de Francisco: “María quiere parir un mundo nuevo, donde todos seamos hermanos, donde haya lugar para cada descartado de nuestras sociedades, donde resplandezcan la justicia y la paz”. (FT 278)</p><p>Hoy estamos comenzando en todas las Diócesis del mundo el Jubileo del año 2025, con el lema “Peregrinos de la Esperanza”. Un tiempo de conversión y fiesta simultáneamente. Me conmovió ver las imágenes del Papa Francisco abriendo la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en su silla de ruedas, golpeando para que le abran. Desde su fragilidad nos toma de la mano y nos introduce en un tiempo de gracia particular. Así está llamando Jesús ante nuestro corazón.</p><p>El Documento formal de convocatoria al Jubileo se denomina “Bula”, y Francisco la ha titulado en latín “Spes non confundit”, que significa “la esperanza no quedará defraudada”, frase tomada de la Carta de San Pablo a los Romanos 5, 5. El Santo Padre nos recuerda que “la vida cristiana es un camino, que también necesita momentos fuertes para alimentar y robustecer la esperanza, compañera insustituible que permite vislumbrar la meta: el encuentro con el Señor Jesús” (Bula n 5).</p><p>En esto arraiga la certeza de la esperanza cristiana. Caminamos con un rumbo, una meta. El camino no siempre es apacible y llano. Nos toca experimentar lo arduo. Incluso el peso de los problemas y dolores que enfrentamos. Caminamos juntos, compartimos la vida.</p><p>Es deseo del Santo Padre que durante el Jubileo se promuevan gestos de cercanía y consuelo con quienes más sufren a causa del hambre, la pobreza, la exclusión y todo tipo de dolor.</p><p>Por eso hemos establecido en San Juan conceder la Indulgencia Plenaria a quienes realicen una peregrinación al encuentro de Cristo presente en quienes se hallan en situaciones de pobreza y exclusión (cfr. Mt 25, 34–36) y visiten por un tiempo adecuado a los enfermos, encarcelados, ancianos en soledad, casas de recuperación de adictos a las drogas o al juego, personas con discapacidad. También a quienes participen en obras de misericordia corporales o espirituales, así como a quienes participen de cualquier actividad misionera. A su vez, hay algunos Templos a los cuales peregrinar para alcanzar la gracia jubilar.</p><p>Mañana, 30 de diciembre se cumplen 20 años del incendio en Cromañón. Murieron 194 personas, la mayoría jóvenes. Una consigna se fue instalando: “nos pasó a todos”. La herida cicatriza de adentro hacia afuera. Una canción expresa una certeza: “Al final de la vida llegaremos con la herida convertida en cicatriz”.</p><p>Empecemos el 2025 con el ánimo dispuesto a renovarnos en la esperanza.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9UVtVw2qaZsP1etntA6jt_CKv0o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/380/0000380861.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En estos días he visto unas cuantas fotos tomadas en contextos bélicos en diversas partes del mundo. Niños llorando en brazos de madres en medio de signos de destrucción; ellas cuidan la vida nueva con coraje y esperanza, aferradas al futuro por venir.]]>
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                <updated>2024-12-29T13:01:23+00:00</updated>
                <published>2024-12-29T13:00:00+00:00</published>
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            Apenas faltan dos noches
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                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oLv6OvzG306VCSAxy1sRGs_46A4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/343/0000343526.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>No te lo pierdas. No te distraigas. Estamos a un paso de una celebración hermosa. Nuestro ánimo se dispone de modo particular a lo espiritual. Pero también son muchos los riesgos de distraernos en cosas que hacen más ruido que el nacimiento de un Niño.</p><p>Tengamos en cuenta que no quiere ser visita ocasional, sino hospedarse de modo permanente, habitar entre nosotros, mudarse a nuestro barrio. Ya está recorriendo las calles, jugando en las plazas, haciendo las compras en el almacén, esperando el colectivo, trabajando en el taller o la huerta, buscando trabajo, amamantando su bebé, enfermo o preso… Un importante texto del Concilio Vaticano II dice que “el Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre…” (GS 22).</p><p>No lo vamos a encontrar en los ruidos que aturden, en paraísos artificiales que enajenan, en el consumismo que harta. No lo veremos entre los poderosos e influyentes. Se pasea entre los pobres, los enfermos, los últimos.</p><p>En los Templos, algunas de nuestras casas, vidrieras de comercios, hemos armado el pesebre. La cuna está preparada, pero puede quedar vacía. El Niño Dios no viene de prepo ni haciéndose lugar a los codazos. Él se ofrece. Lo que a veces se dice en algunas publicidades, en este caso es cierto: “si lo querés, lo tenés”. Solamente hace falta estirar los brazos para tomarlo y llevarlo junto a tu pecho.</p><p>Uno de los problemas que más nos aqueja en este tiempo es la angustia existencial, una vida cargada de sinsentido. Tenemos muchos instrumentos tecnológicos para comunicarnos, y sin embargo estamos más solos que nunca. Muchos no alcanzan a encontrar respuestas a las cuestiones más profundas del corazón. Promesas incumplidas, anhelos postergados, sensación de vacío interior. Es como si camináramos pesadamente en arena seca. El llamado a renovarnos en la esperanza hace llegar aire fresco a nuestra vida. Abramos las ventanas del alma.</p><p>La Navidad nos trae un mensaje de fraternidad, de paz. Pero mientras haya inequidad se impone la anomia denominada como “la ley del más fuerte” y se pisotea a los débiles. En Navidad Dios nace en fragilidad y se pone del lado de los postergados, de los que no cuentan. Nos duele la violencia en la Tierra de Jesús. En muchos lugares del mundo hace rato que no hay noches de paz.</p><p>Es significativo que Jesús nace y muere fuera de la ciudad. Se cumple lo dicho en el prólogo del Evangelio de San Juan “vino a los suyos, y los suyos no le recibieron" (Jn 1, 11).</p><p>Nace en una gruta como la que usan los pastores para guardar sus rebaños en las noches frías. Como escribió el Papa Francisco, “María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura” (EG 286). Jesús nace entre animales. Las representaciones que hacemos en los pesebres quieren manifestar a toda la creación en torno al Niño. Las estrellas, la cueva en la roca, el pasto, el agua, los animales, los pobres, los Ángeles.</p><p>Aquella cueva de animales en las periferias de Belén acogió a una familia excluida de otros sitios. Se transformó en lugar de ternura e inclusión.&nbsp;</p><p>En la Navidad celebramos el nacimiento de Jesús, Dios hecho hombre, ni más ni menos que la llegada de un bebé divino que nos abre a la esperanza de algo nuevo.</p><p>¡Bienvenido, Niño Dios!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oLv6OvzG306VCSAxy1sRGs_46A4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/343/0000343526.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>No te lo pierdas. No te distraigas. Estamos a un paso de una celebración hermosa. Nuestro ánimo se dispone de modo particular a lo espiritual. Pero ta...]]>
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                                <category term="editoriales" label="Editoriales" />
                <updated>2024-12-22T13:00:38+00:00</updated>
                <published>2024-12-22T13:00:00+00:00</published>
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            Alguien nos amó primero
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                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/emwQKas46-KcPKVkLm3SgDVKt2c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/348/0000348016.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Estemos atentos a la publicación y las orientaciones que vayan surgiendo.</p><p>El jueves pasado se dio a conocer una nueva Encíclica del Papa sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo. El título en latín es “Dilexit nos” (“Nos amó”), tomado de la carta de San Pablo a los Romanos 8, 37.</p><p>Sabemos que Dios nos ama porque nos ama. No es un premio a nuestra buena conducta, ni un reconocimiento de nuestros méritos. Afirma Francisco que “su corazón abierto nos precede y nos espera sin condiciones, sin exigir un requisito previo para poder amarnos y proponernos su amistad: «nos amó primero» (1 Jn 4,10). Gracias a Jesús «nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído» en ese amor (1 Jn 4,16)”. (DN 1)</p><p>“Para expresar el amor de Jesucristo suele usarse el símbolo del corazón” (DN 2). Así lo hacemos también para hablar del amor humano. Por eso en El Principito leemos: “Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos” (Antoine de Saint-Exupéry). Pienso en diversos modos de conocer a las personas. Un cirujano, un médico que realiza una ecografía, conocen detalles ocultos de un paciente; pero la madre o un amigo lo conocen con mayor profundidad, e incluso me animo a decir que con más verdad.</p><p>Por eso, “si el corazón está devaluado también se devalúa lo que significa hablar desde el corazón, actuar con corazón, madurar y cuidar el corazón. Cuando no se aprecia lo específico del corazón perdemos las respuestas que la sola inteligencia no puede dar, perdemos el encuentro con los demás, perdemos la poesía” (DN 11). Y en consonancia con esta idea va decir unos números más adelante: “En el tiempo de la inteligencia artificial no podemos olvidar que para salvar lo humano hacen falta la poesía y el amor. Lo que ningún algoritmo podrá albergar será, por ejemplo, ese momento de la infancia que se recuerda con ternura” (DN 20).</p><p>El ADN de cada persona es único e irrepetible. Nos define una identidad biológica. Pero no es lo único que nos diferencia. “Se podría decir que, en último término, yo soy mi corazón, porque es lo que me distingue, me configura en mi identidad espiritual y me pone en comunión con las demás personas. El algoritmo en acto en el mundo digital muestra que nuestros pensamientos y lo que decide la voluntad son mucho más ‘estándar’ de lo que creíamos. Son fácilmente predecibles y manipulables. No así el corazón.” (DN 14).</p><p>En ese lugar sagrado, tan íntimo, podemos escuchar la voz de Dios. Francisco nos recuerda varios momentos expresados en la Biblia. Tomo apenas dos para compartirte. “Los discípulos de Emaús, en su misteriosa caminata con Cristo resucitado, vivían un momento de angustia, confusión, desesperanza, desilusión. No obstante, más allá de todo eso y a pesar de todo, algo ocurría en lo más hondo: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino?» (Lc 24,32)” (DN 4). El otro pasaje es el del joven rico. “Entonces «Jesús lo miró con amor» (Mc 10,21). ¿Puedes imaginarte ese instante, ese encuentro entre los ojos de este hombre y la mirada de Jesús? Si te llama, si te convoca a una misión, primero te mira, penetra lo más íntimo de tu ser.” (DN 39)</p><p>En la encíclica hay un subtítulo que me atrajo: “Enamorar al mundo”. Allí Francisco nos recuerda que “la propuesta cristiana es atractiva cuando se la puede vivir y manifestar en su integralidad; no como un simple refugio en sentimientos religiosos o en cultos fastuosos. ¿Qué culto sería para Cristo si nos conformáramos con una relación individual sin interés por ayudar a los demás a sufrir menos y a vivir mejor? ¿Acaso podrá agradar al Corazón que tanto amó que nos quedemos en una experiencia religiosa íntima, sin consecuencias fraternas y sociales? Seamos sinceros y leamos la Palabra de Dios en toda su integralidad” (DN 205).</p><p>El amor, y sólo el amor, permanece siempre.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/emwQKas46-KcPKVkLm3SgDVKt2c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/348/0000348016.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Te estoy escribiendo desde Roma. Viajé para una reunión de cuatro días del Dicasterio para las Comunicaciones, coincidiendo con los días siguientes a la celebración de clausura del Sínodo sobre la sinodalidad. Me alegra poder sumarme en este acontecimiento. Hay mucha expectativa acerca del texto que contenga las propuestas que se presentarán al Santo Padre. Algunos temas que resultaban difíciles para alcanzar consensos se resolvió pasarlos a un estudio más detallado hasta el mes de julio de 2025.]]>
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                <updated>2024-10-27T18:00:18+00:00</updated>
                <published>2024-10-27T18:00:00+00:00</published>
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            Chau, Septiembre. Hola, Octubre
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nszyqe8zr4J8F7mMkeDS5SLsrA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/358/0000358066.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>¡El año sigue avanzando, y entramos en el décimo mes!</p><p>Durante septiembre hemos tenido varios acontecimientos y celebraciones. Los maestros y profesores, los estudiantes. Desde la Iglesia hemos impulsado el mes de la Biblia para acercarnos con más apertura a la Palabra de Dios y que sea ella la que ilumine nuestro camino en la fe; el mes del Cuidado de la Casa Común para dar gracias a Dios por la belleza de la creación y crecer en conciencia respecto de los abusos que se están cometiendo. La Biblia y la creación no son sólo para septiembre, sino para toda la vida.</p><p>Octubre se nos abre cargado de acontecimientos eclesiales y sociales. Inicio en Roma de la segunda sesión del Sínodo sobre la Sinodalidad, mes de las misiones, día de las madres, las Asambleas de nuestro tercer sínodo en San Juan. Como ves, unos cuantos acontecimientos a seguir con atención y alegría. &nbsp;</p><p>Arranquemos con nuestra geografía más cercana. Hay gente que habla mucho y escucha poco. Es uno de los defectos que percibimos. La semana pasada me tocó ver lo que pasaba en un grupo que estaba empantanado en una discusión; hablaban todos a la vez y nadie escuchaba lo que decía el otro. Me daba la impresión de estar en un encuentro de loros. En lugar de prestar atención a las otras ideas, cada quien pensaba cómo retrucar. Así no se construye comunidad. Hace falta parar, detenerse, prestar atención, con la convicción que la otra persona tiene algo bueno que decir. Si no, el diálogo es una ilusión.</p><p>El Sínodo parte de la escucha.</p><p>A vos queremos escucharte. Saber qué pensás. Habitualmente unas cuantas personas leen esta columna que intento escribir cada semana desde el corazón. Pero quiero escuchar tu voz, leer tu parecer. Estoy seguro de que tenés mucho para decir, no te lo guardes.</p><p>Nos falta la escucha de lo que nuestra Iglesia está necesitando. Como diría Monseñor Angelelli: Tener un oído en el pueblo y otro en el Evangelio.</p><p>La Iglesia es maestra pero también es discípula. Estamos llamados a colocarnos a los pies de Jesús, escuchar su Palabra. Escuchar lo que el Espíritu Santo inspira en tu corazón creyente. ¿Vos quién sos? ¿A qué te dedicás?</p><p>Para conocer la realidad de nuestros hermanos debemos salir de nuestras zonas de confort. Es necesario generar empatía, diálogo, acompañamiento, sin juzgar ni marginar. “Recibir la vida como viene”, decía el Cardenal Bergoglio. En nuestras comunidades y movimientos estamos abriendo espacios para la escucha por medio de las Asambleas: los encuentros nos favorecen para conocer las demás realidades. Los laicos deben ser más protagonistas.</p><p>Pero también podés participar sin salir de tu casa y en el horario que te sea más accesible. No hace falta dejar tu nombre, no hay límites de edad, confesión religiosa, estudios cursados… Queremos escucharte, acercarnos. Entrá a la página del Arzobispado y dejanos tus inquietudes: https://arzobispadosanjuan.ar/3-sinodo-diocesano/ y entrá en el botón “Consulta amplia”. Te estamos esperando.</p><p>También te pido que alientes a otros a participar. Vecinos, familiares, amigos. Compartiles esta invitación. Ellos también nos interesan.</p><p>Este tercer Sínodo Diocesano en San Juan constituye el acontecimiento de gracia en el que el Pueblo de Dios que vive en esta Iglesia particular es convocado y se reúne en nombre de Cristo, bajo la presidencia de los obispos, para discernir los desafíos pastorales, buscar juntos los caminos que debemos recorrer en la misión y, en una actitud de escucha del Espíritu, cooperar activamente en el acto de tomar las decisiones oportunas.Es al mismo tiempo un «acto de gobierno y acto de comunión», que renueva y profundiza la conciencia de corresponsabilidad eclesial del Pueblo de Dios.</p><p>Es una Asamblea en la cual el Pueblo de Dios realiza un proceso de discernimiento de la voluntad de Dios y la acción pastoral, para crecer en corresponsabilidad en la tarea de convocar y poner los medios necesarios para que crezca el Reino de Dios en la Iglesia local.</p><p>&nbsp;</p><p>Estamos caminando juntos en esta senda. No te quedes afuera.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nszyqe8zr4J8F7mMkeDS5SLsrA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/358/0000358066.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>¡El año sigue avanzando, y entramos en el décimo mes!Durante septiembre hemos tenido varios acontecimientos y celebraciones. Los maestros y profesores...]]>
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                <updated>2024-09-30T20:56:57+00:00</updated>
                <published>2024-09-30T20:56:54+00:00</published>
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            Cosas que pasan y no porque sí
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                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/emwQKas46-KcPKVkLm3SgDVKt2c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/348/0000348016.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“Impotencia.” Así me describía un científico su sentimiento ante las crisis ecológicas, los incendios forestales, la tala de bosques, la depredación de los mares, etc., etc. Y se lamentaba con un “no aprendemos más”. Después de ese diálogo me quedé pensando cómo tenemos que cuidarnos de no bajar los brazos y, aunque la realidad sea desalentadora, no dejemos de realizar todo lo que está a nuestro alcance para buscar el bien de la humanidad.</p><p>Es cierto que ante lo que nos supera muchas veces preferimos encoger los hombros y mirar para otro lado. Por unos minutos, te propongo que veamos los desafíos de la cuestión ambiental de la mano del Papa Francisco.</p><p>El 4 de octubre, memoria de San Francisco de Asís, se cumplirá apenas un año de la publicación de la Exhortación Apostólica “Laudate Deum” (Alaben al Señor) sobre la crisis climática. Escribe allí el Sucesor de San Pedro: «Con el paso del tiempo advierto que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre», y continúa diciendo que «es indudable que el impacto del cambio climático perjudicará de modo creciente las vidas y las familias de muchas personas» (LD 2). Como vemos, la preocupación no se centra en abstracciones o ideologías.</p><p>De hecho ya está sucediendo así. La violencia de los huracanes en Centro América ha crecido en poder destructivo año tras año. “Entre 2019 y 2022 aumentó en un orden del 38% la cantidad de personas afectadas por huracanes o tormentas tropicales en la región. A su vez, 2023 se consolidó como el período con mayores daños causados por desastres naturales vinculados al cambio climático” (Informe elaborado por el CELAM —Consejo Episcopal de América Latina y el Caribe— con la participación de la Red de Observatorios de Universidades Católicas del Continente, presentado en junio pasado). En este mismo informe se expresa que “2023 será el año más cálido en el registro de 174 años, superando los récords de 2016 y 2020”.</p><p>La sequía en varios lugares de Argentina está reduciendo la superficie a sembrar, lo cual genera caída en puestos de trabajo y aumento en costos de los alimentos en algunas regiones. Estos hechos tampoco son abstracciones o planteos ideológicos.</p><p>La situación es muy delicada, «lo que estamos verificando ahora es una inusual aceleración del calentamiento, con una velocidad tal que basta una sola generación —no siglos ni milenios— para constatarlo» (LD 6). Lo podemos visualizar en imágenes satelitales tanto de pérdida de glaciares en la cordillera en el transcurso de 50 años, como en el derretimiento progresivo de los Polos (ambas disponibles en internet). Esto impacta en la elevación del nivel de las aguas de los océanos. «Probablemente en pocos años muchas poblaciones deberán trasladar sus hogares a causa de estos hechos» (LD 6). Y así lo están padeciendo unas cuantas poblaciones costeras.</p><p>El Papa reitera que «el mundo que nos rodea no es un objeto de aprovechamiento, de uso desenfrenado, de ambición ilimitada» (LD 25). «La lógica del máximo beneficio con el menor costo, disfrazada de racionalidad, de progreso y de promesas ilusorias, vuelve imposible cualquier sincera preocupación por la casa común y cualquier inquietud por promover a los descartados de la sociedad… extasiados frente a las promesas de tantos falsos profetas, a veces los mismos pobres caen en el engaño de un mundo que no se construye para ellos» (LD 31).</p><p>La mayor responsabilidad cae en los organismos internacionales y en los gobiernos de los países de mayor consumo indiscriminado. Sin embargo, podemos dar el ejemplo desde casa. «El esfuerzo de los hogares por contaminar menos, reducir los desperdicios, consumir con prudencia, va creando una nueva cultura. Este solo hecho de modificar los hábitos personales, familiares y comunitarios» contribuye a «gestar grandes procesos de transformación que operan desde las profundidades de la sociedad» (LD 71). Los grandes cambios, como los árboles, nacen desde abajo.</p><p>Francisco junto a otros referentes de Iglesias cristianas nos han convocado a dedicar este Mes de Septiembre al Cuidado de la Creación. Acojamos ese llamado a la responsabilidad. Te invito a buscar más información en la plataforma del Movimiento Laudato si’.</p><p>&nbsp;</p><p>El jueves 19 de septiembre cumpliremos 190 años de la creación de la Diócesis de San Juan de Cuyo, siendo su primer obispo Fray Justo Santa María de Oro. La primera Diócesis creada en la Argentina después de la declaración de la Independencia. En ese tiempo abarcaba las provincias de San Juan, Mendoza, San Luis y Neuquén. Demos gracias a Dios que nos llama a dar testimonio de la Buena Noticia de Jesús como familia suya.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/emwQKas46-KcPKVkLm3SgDVKt2c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/348/0000348016.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Impotencia.” Así me describía un científico su sentimiento ante las crisis ecológicas, los incendios forestales, la tala de bosques, la depredación d...]]>
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                <updated>2024-09-14T13:21:23+00:00</updated>
                <published>2024-09-14T13:21:22+00:00</published>
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            Mucho más que “un granito de arena”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nszyqe8zr4J8F7mMkeDS5SLsrA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/358/0000358066.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;</p><p>¡Qué sería de nuestras comunidades sin tantos catequistas! El Evangelio quedaría reducido a un pequeño grupo de selectos. No sería ya una Buena Noticia para todo el pueblo.</p><p>Por eso lo primero que debemos hacer los catequistas es fortalecer nuestra adhesión vital a Jesucristo. Y una aclaración: yo también soy catequista. Los obispos, sacerdotes, diáconos, somos catequistas. A un gran obispo, San Óscar Romero, le gustaba presentarse como el primer catequista de su diócesis. Todos, consagrados y laicos, somos catequistas por vocación. Jesús nos llama por medio de la Iglesia a ser sus testigos en comunidades también congregadas para extender el Reino de Dios por todo el mundo.</p><p>A veces he visto gente buscando casi con desesperación un tomacorriente para cargar la batería del celular. En un bar, una terminal de colectivos, una oficina pública… Del mismo modo necesitamos conectarnos con Jesús para que Él nos colme de la fuerza del Espíritu Santo.</p><p>Te invito a hacer memoria de tus catequistas. ¿Quiénes te enseñaron a rezar? ¿Quiénes te hablaron de Dios por primera vez? Varios podrán recordar a su mamá, su papá, o algún otro miembro de la familia. Demos gracias a Dios por ellos. Y traé también a tu corazón a tus catequistas en la comunidad cercana a tu casa, quienes te ayudaron a dar los primeros pasos en la iniciación cristiana. Quienes semana a semana asistían con puntualidad, preparaban los Encuentros, pensaban algunos ejemplos o dinámicas para hacer más fácil tu acceso a la Palabra… Valoremos su entrega generosa por amor a Jesús. Ellos aportan mucho más que un granito de arena. Son constructores de la Iglesia.</p><p>En las visitas a Parroquias, Capillas, Comunidades Educativas, a veces escucho una especie de queja o lamento reiterado: algunos niños o niñas vienen sin saber las primeras oraciones, sin haber escuchado mucho de la vida del Señor. Les falta recibir el primer anuncio de Jesús como Salvador y adherir a Él de corazón (lo que llamamos “el kerigma”).</p><p>Niños, jóvenes y adultos se nos confían para que los acerquemos al encuentro con Cristo Vivo en la comunidad cristiana. Para que también ellos sean discípulos misioneros de Jesucristo y vayan a las periferias. El objetivo de la Iniciación Cristiana es la integración en la vida de la comunidad, y debemos reconocer con sinceridad que en muchos casos no lo estamos logrando. Cierto es que a nosotros nos toca sembrar aunque no veamos los frutos. No dejemos de pedir al Espíritu Santo le dé crecimiento a nuestra entrega.</p><p>¡Feliz día de los catequistas! De quienes están al servicio de la evangelización en las Parroquias, Capillas, Comunidades Educativas, Centros de salud, la Unidad Penal; en cada etapa de la vida, de niños, jóvenes o adultos.</p><p>Que Jesús y su Palabra sean el centro de nuestras vidas y nos colmen de alegría. En los encuentros de catequesis queremos compartir esta experiencia más que “dar temas”. Doy gracias a Dios por esta hermosa vocación y le pido nos sostenga en la esperanza para seguir sembrando con alegría.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nszyqe8zr4J8F7mMkeDS5SLsrA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/358/0000358066.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Todo suma”, es cierto. Pero puede resultar insuficiente cuando la necesidad es grande y apremiante. Hay gente que realiza esfuerzos solidarios fuera de lo común, que sobresalen en la entrega. Quisiera hoy que nos detengamos un momento en mirar a muchas personas que hacen el bien de modo desinteresado y permanente. No es un “toco y me voy” o un compromiso pasajero, ni dar el tiempo que sobra. ¿Te diste cuenta de cuántos catequistas hay en tu comunidad? Una gran cantidad de hombres y mujeres de fe que ayudan a otros a acercarse a Jesús, conocer más su Palabra, que asumen seguir sus pasos de cerca.]]>
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                <updated>2024-08-25T13:00:07+00:00</updated>
                <published>2024-08-25T13:00:00+00:00</published>
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            La Iglesia como familia. Desafío y consuelo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9UVtVw2qaZsP1etntA6jt_CKv0o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/380/0000380861.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde hace siglos se habla de la Iglesia con la imagen de la Familia de los hijos e hijas de Dios. “¿Qué nos da la fe? La fe nos da una familia, y nos libera del aislamiento del yo.” Esto nos enseñaba el Papa Benedicto XVI al inaugurar las sesiones de la V Conferencia General en Aparecida en el año 2007.</p><p>Tener esta imagen como referencia nos hace sentir acompañados; sabemos que no estamos solos, sino que nos encontramos todos en la misma barca. Las decisiones más sencillas las va tomando cada miembro, pero cuando se trata de cuestiones fundamentales y que van a afectar a todos, hace falta la escucha atenta, el diálogo abierto y sincero, el discernimiento sereno para asumir las mejores decisiones. De esto se trata la sinodalidad.</p><p>A la vez, ser familia implica cuidar a todos, especialmente a quienes son más débiles. Protegemos a los más frágiles, los tratamos con mayor delicadeza y comprensión.</p><p>Es importante reconocer que no todos tienen el mismo ritmo de trabajo ni de caminata. Cuando salimos a pasear o a comprar, caminamos para ir juntos, aunque algunos tengan fuerza para ir más rápido.</p><p>También implica desafíos. Hace falta cultivar la virtud de la paciencia para comprender y aceptar a cada quien en el propio y peculiar modo de ser. No siempre pensamos lo mismo ni coincidimos en los intereses e inquietudes. Pueden darse, como de hecho sucede, fricciones y desencuentros que provocan heridas que no siempre sanan de modo adecuado.</p><p>Entre los mismos apóstoles hubo situaciones de tensiones y discusiones, antes y después de la Pascua. La comunión no se logra poniendo piloto automático, ni es resultado del azar. Es fruto del Espíritu Santo que conduce y anima a la Iglesia.</p><p>San Pablo alentaba a los primeros cristianos con sabios consejos, que nos vienen muy bien a nosotros: “Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección”. (Colosenses 3, 12-14)</p><p>Mi fragilidad hace frágil la comunión. En la familia de la Iglesia estamos, a un mismo tiempo, santos y pecadores. Todos hombres y mujeres atravesados de debilidad y con la fuerza del Espíritu Santo que nos alienta en la comunión. Hay dos dichos populares que nos viene bien considerar: “cuando uno no quiere dos no pueden”, “dos no pelean si uno no quiere”. Pensalos, y vas a ver que esconden una gran sabiduría. No hay que engancharse en discusiones estériles que desgastan mirando el ombligo. No hay que responder a las provocaciones.</p><p>En el camino al Tercer Sínodo en San Juan vamos a sortear unas cuantas dificultades. No será un “camino parejito”. Hace falta poner nuestra mirada en Jesús.</p><p>San Juan Pablo II nos enseñaba que “los espacios de comunión han de ser cultivados y ampliados día a día, a todos los niveles, en el entramado de la vida de cada Iglesia. En ella, la comunión ha de ser patente en las relaciones entre Obispos, presbíteros y diáconos, entre Pastores y todo el Pueblo de Dios, entre clero y religiosos, entre asociaciones y movimientos eclesiales. Para ello se deben valorar cada vez más los organismos de participación previstos por el Derecho canónico, como los Consejos presbiterales y pastorales” (NMI 45). Sigue teniendo gran actualidad.</p><p>&nbsp;</p><p>El próximo martes 9 de julio cumplimos un nuevo aniversario de la declaración de la Independencia, acontecimiento desarrollado en una casa de familia que acogió a los diputados para las deliberaciones. Miremos esto como un signo de nuestra vocación como Nación. Construyamos una Patria de hermanos, con lugar para todos, y cuidando especialmente a los más pobres.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9UVtVw2qaZsP1etntA6jt_CKv0o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/380/0000380861.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Varios señalan que la familia está en crisis; y algo de eso hay. Sin embargo, en la mayoría de las encuestas se indica que ante un problema importante, es a la familia al primer lugar al cual se acude. Es el refugio, consuelo, aliento. Por eso también las heridas en los vínculos familiares son los más difíciles de sanar y sobrellevar.]]>
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                <updated>2024-07-07T11:00:07+00:00</updated>
                <published>2024-07-07T11:00:00+00:00</published>
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            San Juan Bautista. Genio y figura
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oLv6OvzG306VCSAxy1sRGs_46A4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/343/0000343526.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay personas que hacen historia. El dicho popular “genio y figura hasta la sepultura” se utiliza para evidenciar características peculiares de quienes no cambian con el paso del tiempo, ni se ven mermadas por las circunstancias. Ni siquiera por encontrarse delante de amenazas o personas poderosas. No arrugan. El genio suele estar asociado al carácter, y la figura a la apariencia o modo de vestir.</p><p>Este lunes 24 de junio celebramos el nacimiento de San Juan Bautista, nuestro Santo Patrono, de quien Jesús habla maravillas. “¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. Él es aquel de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino. Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista.” (Mateo 11, 7-10)</p><p>Juan se presenta como un provocador. No viste, ni come, ni vive como el resto de las personas; pero multitudes acuden al encuentro con él para recibir un bautismo de penitencia y disponer el corazón.</p><p>Un hombre de una sola pieza. Por eso su nacimiento estuvo rodeado de anuncios maravillosos y de gran alegría. El Evangelio de San Lucas nos narra lo acontecido en el momento de elegir su nombre. Varios querían llamarlo Zacarías, como su papá, pero el ángel Gabriel había indicado que debía llamarse Juan, que significa «Dios usa la misericordia». Mientras unos miraban al pasado, el ángel mostraba su vocación en tiempo presente, en lo que Dios empieza a hacer hoy.</p><p>Tenemos mucho que aprender de él, de su misión y de la nuestra. Él sabe reorientar los corazones y canalizar las búsquedas más importantes de los anhelos profundos. Es él quien crea las condiciones para que se produzca el encuentro con Cristo (Jn 1,36) es decir, el estar delante de quien es El sentido de tu existencia. Tal vez, nosotros podemos correr el riesgo de desperdiciar ese encuentro. Juan Bautista juega este papel fundamental; no es el Mesías, pero lo señala, lo muestra con claridad.</p><p>Tal vez por eso el evangelio de Lucas (Lc 1,60) nos habla de la delicadeza de una pareja: de Isabel y Zacarías que, en su vejez, en su esterilidad, acogen un proyecto de Dios, en su vida dan a luz a ese niño e inmediatamente se dan cuenta de que él supera todas sus expectativas, él es mucho más que sus deseos, es un don, es un don misterioso, un don ante el que hay que aprender la obediencia, aprender el silencio, aprender a acoger.</p><p>Nuestro Santo Patrono nos llama una vez más a la conversión: “preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”. (Marcos 1, 3)</p><p>&nbsp;</p><p>Quiero aprovechar esta oportunidad para un anuncio importante. Durante el año pasado hemos realizado varias consultas acerca de la conveniencia de celebrar un Sínodo en San Juan, que nos permita “escuchar” y dialogar acerca de los desafíos que se nos presentan en la misión, y discernir juntos los caminos a transitar. La consigna que nos anima es que “lo que es común a todos, debe ser tratado por todos”.</p><p>Le dimos mayor formalidad a las consultas en diciembre del 2023, en un encuentro del Consejo Presbiteral y el Consejo Pastoral de la Arquidiócesis. Y volvimos a plantear esta posibilidad de modo más amplio en la Asamblea Arquidiocesana del 16 de marzo de este año, en la cual la amplia mayoría de las comunidades de discernimiento alentaban a la convocatoria del Sínodo en San Juan. El desarrollo del Sínodo Universal, que tendrá su segunda fase en Roma el próximo mes de octubre, nos brinda un contexto providencial para iluminar nuestro camino.</p><p>A su vez, en la Bula de convocatoria al Jubileo 2025, el Papa nos dice: “El Año jubilar podrá ser una oportunidad significativa para dar concreción a esta forma sinodal, que la comunidad cristiana advierte hoy como expresión cada vez más necesaria para corresponder mejor a la urgencia de la evangelización: que todos los bautizados, cada uno con su propio carisma y ministerio, sean corresponsables, para que por la multiplicidad de signos de esperanza testimonien la presencia de Dios en el mundo” (Bula, número 17). Acojamos ser “Peregrinos de la esperanza”</p><p>En las primeras décadas del siglo pasado se celebraron dos sínodos en San Juan, en 1916 y en 1926, con alcances diversos según las costumbres de ese tiempo. Ambos fueron iniciativa del Siervo de Dios, Monseñor José Américo Orzali, que también había convocado el tercero en 1935, pero no llegó a concretarse.</p><p>Por eso estamos realizando la convocatoria al Tercer Sínodo de la Iglesia en San Juan. Oportunamente realizaremos asambleas en cada comunidad, para que la mayor cantidad posible de fieles, anclados en la Palabra y movidos por el Espíritu Santo, puedan hacer un vivo aporte que nos ayude a expresar que “Somos un pueblo que camina, anuncia y sirve”.</p><p>Recemos juntos por este tiempo, para que al escucharnos podamos discernir lo que el Espíritu Santo pide a la Iglesia hoy. No nos dejemos invadir por el desaliento y el escepticismo. Es el Señor el único que puede hacer nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21, 5).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oLv6OvzG306VCSAxy1sRGs_46A4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/343/0000343526.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Hay personas que hacen historia. El dicho popular “genio y figura hasta la sepultura” se utiliza para evidenciar características peculiares de quienes...]]>
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                <updated>2026-02-19T13:40:08+00:00</updated>
                <published>2024-06-23T16:00:00+00:00</published>
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            Día del Padre: Celebrando la entrega silencios
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oLv6OvzG306VCSAxy1sRGs_46A4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/343/0000343526.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada año, en el día del Padre, dedicamos un momento especial para honrar a esos hombres que, en silencio, dedican sus vidas a guiar, proteger y amar a sus hijos. Un padre no solo engendra vida, sino que la acompaña en cada paso, se hace cargo y no se escapa eludiendo responsabilidades, incluso en los momentos más difíciles. Su presencia, aunque a veces sutil, es una fuerza constante que sostiene y nutre a su familia.</p><p>Dos verbos conjuga en forma simultánea: cuidar y acompañar. En cuanto al primero lo vemos protegiendo, como quien cubre y cobija para evitar daños que pueden venir desde afuera. En el segundo, camina junto al hijo para colaborar en desplegar las propias cualidades del pequeño con la mirada puesta en el mundo.</p><p>El papá trabajador es un ejemplo de dedicación y sacrificio. Desde temprano en la mañana hasta tarde en la noche, se esfuerza con su esposa para que su familia tenga una vida digna. Luchando con fuerza incluso en la mitad de las familias que están bajo la línea de pobreza. Su amor se manifiesta en cada tarea que realiza, ya sea en el trabajo o en el hogar. Este esfuerzo a menudo implica sacrificios personales, desde largas horas de estar fuera de casa, hasta la renuncia a sus propios sueños y deseos para asegurar que sus hijos tengan un futuro mejor. En San José encontramos el modelo de padre trabajador.</p><p>A menudo, los padres sufren en silencio. La presión puede ser abrumadora mientras que las expectativas sociales pueden añadir una carga adicional. Sin embargo, su fortaleza y resistencia son admirables. Incluso en los momentos de dolor y fatiga, continúan adelante con una sonrisa, escondiendo sus propias preocupaciones para mantener a su familia.</p><p>Un padre experimenta una gama de emociones a lo largo de su vida. Las alegrías de un papá se encuentran en los momentos cotidianos: los primeros pasos, el comienzo del hablar, la risa de su hijo, los logros académicos y deportivos, las cenas en familia, y las conversaciones profundas que forjan vínculos duraderos. Cada pequeño triunfo de sus hijos es un motivo de orgullo y felicidad.</p><p>Sin embargo, también enfrentan sufrimientos. Ver a sus hijos luchar, fallar o enfrentar dificultades puede ser doloroso. La preocupación constante por su bienestar y futuro es una carga que llevan en el corazón. Pero incluso en estos momentos de preocupación, un padre encuentra la manera de brindar apoyo y aliento, enseñando a sus hijos a levantarse y seguir adelante.</p><p>Ser padre también implica saber cuándo acompañar a la distancia. Es un delicado equilibrio entre estar presente y no ser invasivo o sobreprotector. Los padres deben permitir que sus hijos cometan errores y aprendan de ellos, confiando en que les han dado las herramientas necesarias para navegar por la vida. Esta distancia no disminuye su amor ni su preocupación; al contrario, demuestra su confianza en las habilidades y el juicio de sus hijos.</p><p>El desafío es ser un guía sin imponer, un protector sin sofocar. Los padres deben encontrar la manera de estar disponibles y accesibles, sin interferir en el crecimiento y la independencia de sus hijos. Es un acto de amor que requiere sabiduría, paciencia y un profundo entendimiento de sus hijos y sus necesidades.</p><p>San José, el padre terrenal de Jesús, es a menudo citado como el modelo ideal de paternidad. Su vida es un testimonio de la humildad, la obediencia y el amor incondicional. A pesar de las incertidumbres y desafíos que enfrentó, San José siempre se mantuvo firme en su papel de protector y guía de su familia.</p><p>Su disposición a aceptar y cumplir con la voluntad de Dios, su trabajo arduo como carpintero y su silenciosa pero firme presencia, lo convierten en un ejemplo. No solo proporcionó sustento material, sino que también ofreció un entorno de amor y seguridad en el que Jesús pudo crecer y desarrollarse plenamente en el trabajo, la sabiduría, la piedad de su pueblo.</p><p>Este día es una oportunidad para reconocer y celebrar la labor incansable y el amor incondicional de los padres. Su papel en la familia y en la sociedad es fundamental y multifacético, abarcando desde su dimensión económica a ser maestro, modelo y guía. A través de sus esfuerzos y sacrificios, demuestran un amor que es profundo y duradero. En este día especial, honremos a todos los padres y recordemos la importancia de su presencia en nuestras vidas, siguiendo el ejemplo de San José como un faro de paternidad ejemplar.</p>]]>
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                <updated>2024-06-16T14:00:14+00:00</updated>
                <published>2024-06-16T14:00:00+00:00</published>
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            Cuerpo y Sangre de Cristo 2024
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nszyqe8zr4J8F7mMkeDS5SLsrA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/358/0000358066.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Despedirse sin partir. Inventar una nueva manera de quedarse. Estar cerca, muy cerca. Se encuentran los amigos más íntimos a Jesús, que habían pasado tres años recorriendo pueblos, predicando, sanando, siendo testigos de las maravillas de Dios, de los gestos de ternura que provocan fascinación. Ellos estaban cayendo en la cuenta de la gravedad de la hora; unos más que otros. Y no faltó el traidor que quiso sacar tajada.</p><p>Era la cena que evocaba en Israel el momento de la liberación de la esclavitud de Egipto, la Pascua. Por eso comían recostados en almohadones, como hombres libres.</p><p>Hoy celebramos una de las fiestas más importantes y significativas de nuestra fe: la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, también conocida como Corpus Christi. Esta solemnidad nos invita a reflexionar profundamente sobre el misterio de la Eucaristía, en la que Cristo se hace presente de una manera real y tangible en medio de nosotros.</p><p>En el Evangelio de hoy, recordamos el momento en el que Jesús, durante la Última Cena con sus discípulos, tomó el pan y, después de dar gracias, lo partió y dijo: "Tomen y coman; esto es mi Cuerpo". Luego, tomó el cáliz con vino y, dando gracias nuevamente, se lo entregó a ellos diciendo: "Beban todos de él, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la alianza, que será derramada por muchos para el perdón de los pecados". Con estas palabras, Jesús instituye la Eucaristía, un sacramento que es a la vez misterio de fe y fuente de gracia. Así, Jesús no solo compartió una comida con sus amigos, sino que estableció una nueva forma de su presencia entre nosotros, una comunión de amor que trasciende el tiempo y el espacio.</p><p>De este modo el Maestro anticipa lo que está por suceder en la Cruz, un acto de amor supremo. Se entrega completamente a nosotros, no solo en espíritu, sino también en cuerpo. Jesús se hace comida, se hace pan y vino, para que podamos alimentarnos de Él y recibir su vida divina. Este es un misterio profundo que la Iglesia ha venerado y celebrado durante siglos, reconociendo en la Eucaristía la presencia real de Cristo, su sacrificio y su amor por cada uno de nosotros. Hacemos memoria y actualizamos su entrega.</p><p>La Eucaristía es comunión de amor. Al recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no solo nos adherimos más íntimamente a Él, sino que también nos unimos más profundamente a nuestros hermanos y hermanas en la fe. La comunión eucarística nos transforma, nos fortalece y nos llama a vivir en el amor, siguiendo el ejemplo de Jesús. Nos hace comunidad.</p><p>En cada Misa, cuando el sacerdote pronuncia las palabras de consagración, el pan y el vino se transforman en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Este milagro, conocido como transubstanciación, es algo totalmente nuevo y único. Es una manifestación del amor infinito de Dios, que quiere estar cerca de nosotros, acompañarnos y sostenernos en nuestro caminar diario.</p><p>Jesús se entrega por amor a toda la humanidad y a cada persona en particular. Su sacrificio en la cruz y su presencia en la Eucaristía son la prueba de su amor incondicional. Nos invita a abrirle el corazón, a recibirlo con fe y devoción, y a dejar que su amor transforme nuestras vidas.</p><p>La procesión del Corpus Christi, una tradición en muchas comunidades, es una manifestación pública de nuestra fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Al caminar juntos, llevamos a Jesús por nuestras calles y plazas, proclamando su amor y su deseo de paz a todo el mundo.</p><p>Que en esta fiesta del Corpus Christi renovemos nuestro compromiso de vivir en comunión con Cristo y con nuestros hermanos. Que sea impulso para compartir con los más necesitados.</p><p>El fin de semana próximo realizaremos en todas las misas la Colecta anual de Caritas, con el lema “Tu solidaridad es esperanza”. Nos recuerda Francisco que en la misión de la Iglesia “hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha” (EG 197). “Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos” (EG 198). Como expresaba San Juan Pablo II, sin la opción por los pobres “el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en un mar de palabras” (NMI 50).</p><p>Desde el X Congreso Eucarístico Nacional, rezamos cantando “no es posible morirse de hambre en la patria bendita del pan”. Así sea.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nszyqe8zr4J8F7mMkeDS5SLsrA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/358/0000358066.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Una cena exclusiva entre amigos especiales. Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo]]>
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                <updated>2024-06-02T13:00:09+00:00</updated>
                <published>2024-06-02T13:00:00+00:00</published>
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            La soledad derrotada... ¿o casi?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nszyqe8zr4J8F7mMkeDS5SLsrA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/358/0000358066.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Recorriendo la Provincia de San Juan notamos que gran parte de nuestro territorio es desierto. El Papa Benedicto XVI utilizó con frecuencia esta imagen geográfica aplicándola a los desiertos interiores.</p><p>En ambos casos debemos cuidarnos de tres engaños peligrosos.</p><p>El primero es el espejismo. Parece que el oasis está ahí nomás. Gastamos fuerzas, nos cansamos y cuando llegamos no hay más que arena. Nos puede suceder al confiar en falsas promesas o fantasías de paraísos imaginarios. Estos nos llevan a la frustración y al fracaso.</p><p>Otro riesgo que tenemos es el del agua contaminada. Nos calma la sed, pero nos va enfermando casi sin darnos cuenta. Nos ubicamos aquí cuando entablamos relaciones tóxicas o ambiguas, aceptamos vivir de las apariencias, ocultamos la verdad a los amigos.</p><p>Y el peor es el del agua envenenada, que nos lleva prontamente a la muerte. La droga, la violencia, el rencor nos infectan la vida y son un tobogán a la destrucción.</p><p>En torno a 1882 Friedrich Nietzche escribió su obra “Así habló Zaratustra”. Fijate lo que expresa este filósofo y poeta: “El desierto crece: ¡ay de aquel que dentro de sí cobija desiertos!”. Nos habla de una realidad interior dinámica, en movimiento. Se expande, avanza, va ganando terreno.</p><p>Para él el desierto es un espacio estéril y sin esperanza, que lleva a la apatía y el adormecimiento. Si prestamos atención, mucha gente hoy experimenta esta sensación. Es necesario cuidarnos del nihilismo quejoso y escéptico, así como del desánimo y el desaliento.</p><p>Francisco nos dice que disponemos de avances tecnológicos que nos hacen estar conectados todo el tiempo, y sin embargo “estamos más solos que nunca”. Una de las mayores angustias que padece la humanidad es la soledad.</p><p>Este jueves que pasó, el Papa convocó al Jubileo del 2025 con una carta —llamada Bula— titulada “La esperanza no defrauda” tomado de una carta de San Pablo. Aquí nos dice Francisco: “En el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad”.</p><p>La soledad no se supera estando entre multitudes, sino más bien contando con un amigo, un confidente, un compañero de camino. Este fin de semana estamos celebrando la Solemnidad de Pentecostés, la gran fiesta del Espíritu Santo. San Basilio dice que el Espíritu Santo fue para Jesús en la vida terrena “el compañero inseparable”.</p><p>Cuando nos cuesta hablar con alguien o somos visitados por la angustia, veamos al Espíritu Santo como “suave alivio en las fatigas” y “consejero admirable”.</p><p>Él va serenando nuestro interior, “riega nuestra aridez, cura nuestras heridas”. &nbsp;Por eso Jesús en el Evangelio nos hace una promesa sorprendente: “El que tenga sed, venga a mí y beba el que crea en mí. Como dice la Escritura: De su seno brotarán manantiales de agua viva. Él se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en Él”. (Jn 7, 37-39)</p><p>El soplo del Espíritu Santo es expresión de comunicar lo más íntimo de Dios, que a la vez es lo más vital. Es aliento de vida. “¿Quién puede conocer lo más íntimo del hombre, sino el espíritu del mismo hombre? De la misma manera, nadie conoce los secretos de Dios, sino el Espíritu de Dios.” (I Cor 2, 11)</p><p>Vivimos atrapados por la prisa. Apurados sin sentido. El Espíritu Santo nos da quietud y nos hace disfrutar de paz interior. Nos enseña Francisco en la Bula: “Estamos acostumbrados a quererlo todo y de inmediato, en un mundo donde la prisa se ha convertido en una constante. Ya no se tiene tiempo para encontrarse, y a menudo incluso en las familias se vuelve difícil reunirse y conversar con tranquilidad”.</p><p>Podemos afirmar con toda certeza, “¡El desierto florecerá…!” (Isaías 35, 1-10)</p><p>Sabemos que “la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado”. (Rm 5,1-2.5)</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nszyqe8zr4J8F7mMkeDS5SLsrA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/358/0000358066.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Recorriendo la Provincia de San Juan notamos que gran parte de nuestro territorio es desierto. El Papa Benedicto XVI utilizó con frecuencia esta image...]]>
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                <updated>2024-05-19T13:00:05+00:00</updated>
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            Una vid con frutos asegurados
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oLv6OvzG306VCSAxy1sRGs_46A4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/343/0000343526.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un diálogo imaginario con una flor nos puede conducir a reflexiones profundas. Te copio unos pocos renglones del Capítulo 18 del libro El Principito, de Saint-Exupery.</p><p>“—¿Dónde están los hombres? —preguntó cortésmente el principito.</p><p>La flor, un día, había visto pasar una caravana.</p><p>—¿Los hombres? No existen más que seis o siete, me parece. Los he visto hace ya años y nunca se sabe dónde encontrarlos. El viento los pasea. Les faltan las raíces. Esto les molesta.”</p><p>Este diálogo, ambientado en el desierto, entre la flor y el Principito, nos muestra una ponderación acerca de la carencia de raíces. La flor había visto pasar una caravana y pensaba que los hombres iban de un lado y para el otro llevados por el viento. Podríamos decir estar sin Patria; “y esto les molesta”, observa la flor. En la Biblia muchas veces aparece la peregrinación en contraposición con lo que es andar errante, sin rumbo. El castigo de Caín por haber matado a su hermano consistió en caminar sin sentido fijo. En la peregrinación, en la procesión hay una meta, un lugar adonde llegar para un encuentro. Y, en definitiva, para nosotros es la Vida eterna.</p><p>Echar raíces nos da pertenencia. El Evangelio que proclamamos este fin de semana nos presenta la alegoría de “la vid y los sarmientos” (Jn. 15, 1-8). Esta imagen que utiliza Jesús es para hablarnos de Él, y de nosotros en relación con Él. Nos describe una realidad muy cercana a la tierra sanjuanina. Vemos viñedos en forma habitual en nuestros caminos y al contemplarlos podemos entender bien la enseñanza de Jesús.</p><p>Él nos dice: “Yo soy la Vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer”. (Jn. 15, 5)</p><p>Fijémonos entonces, que hay una mutua permanencia. El Señor permanece en nosotros por medio de la fuerza del Espíritu Santo y nosotros en Él por adhesión también del amor. En esta imagen de la vid y los sarmientos, puedo entender que yo soy con otros, y con otros en el Otro.</p><p>Pero no es una cuestión estática, como si se tratara de colocar un jarrón sobre la mesa. Es un permanecer vital, dinámico, con el movimiento que nos da el amor.</p><p>Podríamos decir que esta imagen de la vid y los sarmientos complementa la que veíamos el fin de semana pasado del vínculo entre el Pastor y el rebaño. Ambos pasajes evangélicos nos muestran cómo la fe rompe la soledad. La Pascua nos lleva a establecer vínculos con otros, nos libera del aislamiento.</p><p>La Palabra de este domingo tiene una fuerte impronta comunitaria y, a su vez también, nos muestra que separados del Señor y de la comunidad, caemos en la esterilidad, en no dar frutos al secarse la vitalidad de la rama.&nbsp;</p><p>Jesús Resucitado nos reanima en la misión de la Iglesia. El Espíritu Santo nos impulsa a la comunión y a la cercanía cordial con todos los que sufren.</p><p>&nbsp;</p><p>El próximo miércoles celebramos a los hombres y mujeres del mundo del trabajo. Te comparto unos párrafos escritos por el Beato obispo y mártir Enrique Angelelli el 1 de mayo de 1975: “Se hace muy doloroso ganar el pan de cada día; nos cuesta arrancar del corazón el egoísmo para hacernos plenamente hermanos; nos cuesta mucho poder sumar todas las manos, como pueblo, para construir juntos esta tierra de bendición (…) Cristo quiere una Rioja no resignada sino plenamente libre y feliz. La Rioja reclama de todos nosotros, gobernantes y pueblo, superar toda división y todo egoísmo individual y de grupos para hacerla una tierra donde el amor no sea una palabra para enamorados simplemente, sino la meta de nuestro trabajo concienzudo por lograr ser verdaderamente un pueblo que se quiere, es solidario y nadie abusa del otro”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oLv6OvzG306VCSAxy1sRGs_46A4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/343/0000343526.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un diálogo imaginario con una flor nos puede conducir a reflexiones profundas. Te copio unos pocos renglones del Capítulo 18 del libro El Principito,...]]>
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                <updated>2024-04-28T17:00:08+00:00</updated>
                <published>2024-04-28T17:00:00+00:00</published>
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            Necesitamos luz y ternura: ¿Quién puede darla en abundancia?
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                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nszyqe8zr4J8F7mMkeDS5SLsrA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/358/0000358066.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Si nos reconocemos en marcha sabemos que para no tropezar tenemos que ver bien el camino, es imprescindible andar de día, o con iluminación confiable en la noche. Quienes reconocemos la condición peregrina de la vida, aceptamos como parte de la existencia la posibilidad de los tropezones y la caída; esa es la oportunidad de dar cabida a la ternura.</p><p>Jesús se nos presenta como el Buen Pastor que nos guía con su presencia, su Palabra que ilumina incluso en los momentos de mayor oscuridad. Y no nos abandona en las caídas, sino que nos abraza con ternura y nos carga para llevarnos nuevamente al redil.</p><p>Cada año, el cuarto domingo de Pascua lo llamamos del “Buen Pastor”, y en todo el mundo rezamos de modo especial por las vocaciones a la vida sacerdotal, religiosa y misionera.</p><p>Nos dice Francisco en su Mensaje —que este año lleva por título “Llamados a sembrar la esperanza y a construir la paz”— que somos invitados a considerar “el precioso don de la llamada que el Señor nos dirige a cada uno de nosotros, su pueblo fiel en camino, para que podamos ser partícipes de su proyecto de amor y encarnar la belleza del Evangelio en los diversos estados de vida (...). Nuestra vida se realiza y llega a su plenitud cuando descubrimos quiénes somos, cuáles son nuestras cualidades, en qué ámbitos podemos hacerlas fructificar, qué camino podemos recorrer para convertirnos en signos e instrumentos de amor, de acogida, de belleza y de paz, en los contextos donde cada uno vive”.</p><p>Todos en el bautismo somos llamados a formar parte de la familia de los hijos de Dios, recibiendo el Espíritu Santo. Fieles laicos de diversas vocaciones y servicios en el mundo y en la Iglesia. Pero este fin de semana centramos la mirada “en las personas consagradas, que ofrecen la propia existencia al Señor tanto en el silencio de la oración como en la acción apostólica, a veces en lugares de frontera y exclusión, sin escatimar energías, llevando adelante su carisma con creatividad y poniéndolo a disposición de aquellos que encuentran. Y pienso en quienes han acogido la llamada al sacerdocio ordenado y se dedican al anuncio del Evangelio, y ofrecen su propia vida, junto al Pan eucarístico, por los hermanos, sembrando esperanza y mostrando a todos la belleza del Reino de Dios”.</p><p>Ellos nos acompañan en el camino para no perder el rumbo hacia la meta que queremos alcanzar. Una meta que tenemos grabada en la mente —porque hemos discernido y meditado—, y grabada en el corazón —porque nos atrae el amor del Padre—. Implica “deshacerse de cargas inútiles, llevar consigo lo esencial y luchar cada día para que el cansancio, el miedo, la incertidumbre y las tinieblas no obstaculicen el camino iniciado. De este modo, ser peregrinos significa volver a empezar cada día,&nbsp;recomenzar siempre, recuperar el entusiasmo y la fuerza para recorrer las diferentes etapas del itinerario que, a pesar del cansancio y las dificultades, abren siempre ante nosotros horizontes nuevos y panoramas desconocidos”.</p><p>Nos recuerda Francisco que “somos peregrinos porque hemos sido llamados. Llamados a amar a Dios y a amarnos los unos a los otros. Así, nuestro caminar en esta tierra nunca se resuelve en un cansarse sin sentido o en un vagar sin rumbo; por el contrario, cada día, respondiendo a nuestra llamada, intentamos dar los pasos posibles hacia un mundo nuevo, donde se viva en paz, con justicia y amor. Somos peregrinos de esperanza porque tendemos hacia un futuro mejor y nos comprometemos en construirlo a lo largo del camino”.</p><p>Las guerras, la violencia, el individualismo, el peligro de daños irreversibles al planeta, son tan fuertes que pareciera que hablar de esperanza fuera una locura. No debemos dejarnos vencer por el desaliento; la experiencia de la resurrección de Jesús nos muestra dónde está la última palabra de la historia. “Ser peregrinos de esperanza y constructores de paz significa, entonces, fundar la propia existencia en la roca de la resurrección de Cristo, sabiendo que cada compromiso contraído, en la vocación que hemos abrazado y llevamos adelante, no cae en saco roto.”</p><p>Concluye el Papa su Mensaje con un desafío provocador: “Apasionémonos por la vida y comprometámonos en el cuidado amoroso de aquellos que están a nuestro lado y del ambiente donde vivimos. Se los repito: ¡tengan la valentía de involucrarse!”.</p><p>La semana pasada los obispos argentinos estuvimos reunidos en Pilar, en la provincia de Buenos Aires, para hablar de cómo estamos en nuestras diócesis y de varios temas más. Al finalizar emitimos un mensaje del que te quiero compartir unos párrafos:</p><p>“Son tiempos complejos, por momentos contradictorios, en los que conviven una esperanza y paciencia honda de nuestro pueblo, que habla de su grandeza de corazón, con una incertidumbre y una creciente vulnerabilidad de las personas. (…)</p><p>”Amar a los demás… un amor con gestos, porque nuestros gestos son el modo de demostrarle a nuestro pueblo que entendemos su dolor. Advertir sus heridas y vivirlas en proximidad y cercanía. Tomar partido por los más frágiles, defender su dignidad, implicarnos personalmente en sus gozos y esperanzas, en sus sufrimientos y problemas”.</p><p>Te dejo el link al documento completo, te invito a que lo leas: https://episcopado.org/ver/4173</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Las colectas que realizamos en las misas este fin de semana son dedicadas al sostenimiento económico del Seminario. Te pido generosidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nszyqe8zr4J8F7mMkeDS5SLsrA0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/358/0000358066.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Si nos reconocemos en marcha sabemos que para no tropezar tenemos que ver bien el camino, es imprescindible andar de día, o con iluminación confiable...]]>
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                <updated>2024-04-21T16:00:09+00:00</updated>
                <published>2024-04-21T16:00:00+00:00</published>
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            La misión es responsabilidad de todos
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                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/emwQKas46-KcPKVkLm3SgDVKt2c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/348/0000348016.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Así lo entendieron y vivieron los primeros cristianos.</p><p>En la Biblia, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestra a quienes abrazaban la fe poniendo todo en común y atendiendo a las necesidades de los más pobres y excluidos. El testimonio de vida acompañaba la predicación, ya que “la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos (…) Ninguno padecía necesidad”. (Hechos 4, 32)</p><p>Y esta práctica no solo era promovida entre las personas de la misma comunidad, sino también entre las de diversas geografías. De este modo, vemos a San Pablo organizando una colecta entre las iglesias ubicadas en ciudades más prósperas para auxiliar a las más pobres de Jerusalén.</p><p>Con el tiempo se ha ido perdiendo esa conciencia, junto al abandono de la intensa actividad misionera y la disponibilidad a la entrega generosa de la vida. Una manera más cómoda e inocua de vivir la fe en algunas regiones del mundo, fue reemplazando a la audacia y la confianza en la Providencia de Dios.</p><p>A los obispos, sacerdotes, diáconos y otros agentes pastorales nos cuesta hablar con franqueza de las cuestiones económicas. Nos da cierto pudor o vergüenza, pero tampoco damos cabida a los laicos para que lo hagan.</p><p>A esto se suma que más de la mitad de las Parroquias de la Arquidiócesis (me animo a decir que del país) no tienen formado el Consejo de Asuntos Económicos, y las que sí lo han convocado, no siempre logran que funcione de modo adecuado.</p><p>La falta de Catequesis sobre el Precepto del sostenimiento del culto hace que se instalen algunos mitos. Entre ellos, los más frecuentes son que los sacerdotes reciben su sueldo del Estado o del Vaticano; que las parroquias no tienen los gastos habituales de las familias en energía eléctrica, gas, internet y otros servicios; que los libros de catequesis son gratuitos; que el combustible que utilizan para recorrer las capillas va de regalo; y otras cosas más en las cuales no abundo en razón de la brevedad.</p><p>Una de las actitudes evasivas que a veces he escuchado es “que primero pongan otros”. La avaricia de los ricos no puede ser excusa que justifique la falta de compromiso personal.</p><p>Es bueno preguntarnos: ¿cómo es mi vínculo con el dinero?</p><p>San Pablo nos dice que debemos cuidarnos de la avaricia para no caer en la idolatría del dinero. Es bueno dejarnos interpelar por las enseñanzas en la Palabra de Dios acerca de lo económico. “Dios bendice al que da con alegría.” “Hay más alegría en dar que en recibir.” “Lo tenían todo en común.” “La avaricia es una idolatría.” “No se puede servir a Dios y al dinero.”</p><p>Este fin de semana en todas las iglesias de la Argentina estamos realizando esta campaña de conciencia y compromiso con el sostenimiento de la misión evangelizadora que todos tenemos por ser bautizados. Lo llamamos “Domingo del compartir”.</p><p>Como dice el mensaje de la Conferencia Episcopal para este año 2024, “es necesario fortalecer la pastoral económica en nuestras comunidades, impulsar la catequesis sobre el sostenimiento económico de la misión de la Iglesia, buscar una gestión eficiente de nuestros recursos y animar la transparencia y rendición de cuentas”.</p><p>Te propongo preguntar qué necesidad concreta hay en tu comunidad.</p><p>Sostengamos entre todos lo que es de todos, compartiendo el compromiso por la misión evangelizadora de la Iglesia.</p><p>Durante la semana que comienza estaremos reunidos en Pilar, Provincia de Buenos Aires, todos los obispos de la Argentina. Acompañanos con tu oración para que en las deliberaciones y decisiones nos dejemos mover por el Espíritu Santo.</p>]]>
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                <updated>2024-04-14T10:00:03+00:00</updated>
                <published>2024-04-14T10:00:00+00:00</published>
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            Las heridas abiertas de Jesús
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                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/emwQKas46-KcPKVkLm3SgDVKt2c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/adjuntos/289/imagenes/000/348/0000348016.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Rezamos en el Salmo 62: “Tengo sed de Ti como tierra reseca, agotada y sin agua”.</p><p>&nbsp;</p><p>Todos tenemos heridas que vamos adquiriendo a lo largo de la vida. Hablo de las del alma, aquellas que se producen por amar y no ser amados. Recuerdo la letra del tango tan expresivo: “de cada amor que tuve tengo heridas/ heridas que no cierran y sangran todavía”. (Julio Sosa, “Tarde”)</p><p>&nbsp;</p><p>En este sentido, me conmueve también el poema de Miguel Hernández que con suma belleza y hondura nos comparte “llegó con tres heridas, la del amor, la de la muerte, la de la vida”.</p><p>&nbsp;</p><p>Acojamos nuestras experiencias.</p><p>La herida de la soledad, del abandono.</p><p>Herida de la pobreza y el hambre del desamparo.</p><p>Heridas de la guerra que mutila, destruye y mata, no sólo los cuerpos; también los sueños, los proyectos…</p><p>Heridas en la familia por historias no resueltas, en que el egoísmo, la avaricia por la herencia, la traición, provocan golpes muy hondos y dolorosos.</p><p>Heridas en la Iglesia o con la Iglesia. No haber sido recibidos, ni acompañados, ni escuchados. Experiencia de negación de consuelo y aliento. Lo que te cobran en algunos lugares por bautizar un niño.</p><p>Heridas en la fe. Le pedí a Dios y no me respondió.</p><p>Heridas con los amigos porque juzgan sin escuchar.</p><p>La herida de la indiferencia y la no comprensión.</p><p>Y seguramente vos podrías sumar unas cuántas heridas más de tu propia vida, y realizar un largo elenco de las llagas que siempre quedaría incompleto.</p><p>&nbsp;</p><p>Sabernos heridos es algo muy común. Sin embargo, nos cuesta hablar de lo que nos lastima. Solemos conversar acerca de los logros, talvez de algunos fracasos, pero no de las heridas. Pensamos que nos hace vulnerables, débiles ante los demás.</p><p>&nbsp;</p><p>Te comparto una experiencia que he atesorado especialmente en los Santuarios. Allí podemos acercarnos como peregrinos heridos o simplemente como turistas curiosos. Los peregrinos buscan consuelo y, si se puede, respuesta a cuestionamientos existenciales.</p><p>En el Evangelio que proclamamos este fin de semana se presenta Jesús Resucitado ante sus discípulos, pero está ausente el Apóstol Tomás que se negaba a creer en el testimonio de los demás. Les dijo: “Si no veo la marcade los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”. (Juan 20, 25) A la semana siguiente Jesús se aparece nuevamente y cumple el deseo de Tomás.</p><p>&nbsp;</p><p>A Jesús lo encontramos vivo en sus llagas, ellas representan distintas formas de sufrimiento y exclusión. Por eso quise iniciar esta reflexión volviendo la mirada a nuestras heridas, para reconocer en ellas al Señor. Lo llamamos Jesús Misericordioso porque Él sabe lo que es sufrir, y se presenta mostrando sus heridas luminosas y su costado abierto por la lanza del soldado.</p><p>Miremos nuevamente a Jesús en la cruz. Recordemos sus Palabras.</p><p>Aparta de mí este cáliz.</p><p>Uno de ustedes me entregará.</p><p>Tengo sed.</p><p>Por qué me has abandonado.</p><p>Todo se ha cumplido.</p><p>&nbsp;</p><p>Te propongo que hablemos con los amigos más cercanos de las heridas que habitualmente escuchamos, que recibimos, ¿qué actitud tomamos? ¿Damos espacio? ¿Encontramos espacio? ¿Reconozco con humildad que soy indigente? ¿Qué me dice la fe?</p><p>&nbsp;</p><p>Aprendamos, como nos enseña San Pablo, llorar con el que llora y reír con el que ríe. (Rm 12, 15)</p><p>&nbsp;</p><p>Comentando el Evangelio de este domingo, nos dice San Agustín que Jesús “sabía que en el corazón de sus discípulos quedaban heridas, y para sanarlas conservó las cicatrices de su cuerpo”.</p><p>Como canta Cristóbal Fones, “al final de la vida llegaremos, con la herida convertida en cicatriz”.</p><p>¡Feliz Pascua, nuevamente!</p>]]>
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                <updated>2024-04-07T15:00:09+00:00</updated>
                <published>2024-04-07T15:00:00+00:00</published>
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