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    <title>El Debate Pregón</title>
    <subtitle>Últimas noticias de Argentina</subtitle>
    <updated>2026-02-19T13:40:08+00:00</updated>
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            “Mamá no esperaba ningún reconocimiento: lo suyo era una pasión”
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                <![CDATA[El Debate Pregón]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-41ewjekp_YUUnYdh7r2g2sBNHI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2025/10/maria_luz_manauta.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>—Mi nombre completo es María de la Luz Manauta Herrero. Herrero por mi madre. Y mi vínculo con la escuela es justamente ese: el nombre que lleva, Francisca Herrero de Manauta, que era mi mamá. Yo vengo a ser la última descendiente directa de ella, que tuvo seis hijos. Yo soy la más chica. El primero fue Juan José, el escritor, el más famoso de la familia. El hermano famoso, sí, pero también muy familiero. Venía seguido, sobre todo a mi casa. Yo era su regalona, porque él era el más grande y yo la más chica. Nos llevábamos más de quince años.</p><p>Viví en Gualeguay hasta alrededor del año 1960, quizás un poco más. En ese momento vendimos la quinta y, en el 67, me fui a Paraná, donde estaba mi esposo. Viví allí un tiempo, luego pedí el traslado a Concordia por dos años y después me establecí definitivamente en Gualeguaychú, donde ya hace más de 55 años que vivo. Soy de otro siglo —bromea—. Papá y mamá eran del siglo XIX: él nació en 1891 y ella en 1895.</p><p>Me enteré de que la escuela llevaba el nombre de mamá tiempo después, cuando dos sobrinas —Lucy Guerra y Adriana Manauta, hija de Juan José— vinieron a Gualeguay y me contaron. Me quedé asombrada. Queríamos venir a traer algo, colaborar, pero la familia es grande y nunca lográbamos ponernos de acuerdo. Siempre supe que esta escuela necesitaba ayuda. Era una escuela humilde, y el Consejo General de Educación muchas veces no mandaba lo suficiente, o directamente no mandaba nada.</p><p>&nbsp;“Ella quería sacar al niño humilde del analfabetismo”</p><p>—Increíble, increíble —dice cuando se le pregunta qué siente al ver el nombre de su madre en la escuela—. Cuando miro y veo Escuela N°14 Francisca Herrero de Manauta no lo puedo creer.</p><p>Mi mamá era docente, pero más que nada de primaria. Su gran objetivo era sacar al niño humilde, al niño de los barrios, del analfabetismo. Esa era su premisa, lo que quería hacer a toda costa. Cuando se casó, vino a vivir a una escuela de los suburbios, la Escuela N°8. Esa escuela tenía casa para el director o la directora, así que se mudaron allí con papá. Se habían casado en enero de 1919.</p><p>En esa escuela nacieron los primeros hijos: Juan José, María Dolores, Elsa Nidia y Miguel Alfredo. Los dos últimos —mi hermano y yo— ya nacimos cuando se mudaron a una casa muy amplia, con negocio adjunto, en calle Belgrano. Era un almacén de ramos generales que abastecía a varias estancias durante todo el año. Se pagaba una vez al año, si venía bien la cosecha. Un sacrificio enorme, pero les fue bien.</p><p>Mamá ejerció la docencia durante cuatro años en Victoria, recién recibida. Era muy joven y se fue a vivir allá, a una pensión de señoritas y maestras. En esa época, una maestra debía vestirse de cierta forma, comportarse con estrictas normas. No podían tener amistades con varones. Era muy riguroso todo. Se recibió en 1913, y luego volvió a Gualeguay, donde le dieron la dirección de la Escuela 8.</p><p>Mi hermano siempre contaba las cosas que vivió y observó en aquellos años. Tiene un poema precioso, El hambre, que lo pinta todo de cuerpo entero: lo que era el hambre real, no las ganas de comer, sino la necesidad de cosas que sabías que mañana tampoco ibas a tener.</p><p>&nbsp;“Hay que estudiar, hay que estudiar”</p><p>Mamá adoraba a su hijo escritor, pero no porque fuera escritor, sino porque valoraba la cultura, fuera del tipo que fuera. Le encantaba la gente culta. Siempre decía: *“Hay que estudiar, hay que estudiar.”*</p><p>Nuestra quinta estaba cerca de la casa de los Martinucci. Teníamos la casa principal, una casa para el quintero, y una pileta enorme que papá usaba, fuera del verano, para juntar agua y regar. Era una quinta preciosa, con verduras de todo tipo, incluso alcauciles y otras que no eran tan comunes.</p><p>“Nunca esperó ningún reconocimiento”</p><p>—Sí, es la primera vez que piso la escuela —dice emocionada—. Había pasado por el frente y había visto fotos, pero nunca había entrado. Mamá estaría tan orgullosa, tan asombrada… porque ella no esperaba nada. En lo que hacía nunca esperó reconocimiento. Para nada. Era su pasión.</p><p>La vieja Escuela 8 no era la misma que la actual. Frente a ella vivía don José Vitale, que tenía un taller de reparación de autos y traía vehículos 0 km. Él y su esposa, Elvira, fueron grandes mecenas para la escuela. Muy generosos. Durante muchos años, don José fue presidente de la cooperadora, impulsado por Elvira.</p><p>Antes se hacía el censo escolar, y ella participaba activamente. Había que censar a los chicos en edad escolar, ver quiénes iban, quiénes habían dejado y por qué. Pero lo más admirable era que enfrentaba a los padres que no querían mandar a sus hijos. Les decía: “Usted no puede decir eso. No tiene derecho, porque los derechos los tiene ese chico. Usted tiene que mandarlo. Son pocas horas, pero es su obligación.”</p><p>Y si el problema era la falta de recursos, buscaba la manera. “¿Qué le hace falta?”, preguntaba. Si era calzado, conseguía unas alpargatas; si era el guardapolvo, lo mandaban igual hasta que se pudiera comprar uno. Todo lo necesario —cuadernos, lápices, pizarras— lo proveía la cooperadora de la escuela, que en esa época era fundamental. Con el dinero recaudado no sólo se mantenía el edificio, sino que también se ayudaba a los chicos que más lo necesitaban.En el cierre una anécdota que la pinta de cuerpo entero: “Cuando se inauguró la Escuela Victoriano Montes (La escuela primaria de tablas) yo estuve. Hay una foto me parece. Era muy chiquita, habré tenido diez años. Fui de guardapolvo. Mamá estaba atrás. Ella me dijo: “Se inaugura una escuela y yo di mi palabra que vas a leer una poesía. “Ay mamá, pero me queda poco tiempo“. No tenía tiempo en leer la poesía, pero quería saberla bien. Elegí entre esa que dice “Oh, Victoriano E. Montes” y la tejedora de Ñandutí. Y después en la reinauguración vine también porque me invitaron y les agradecí tanto por traerme esos recuerdos hermosos.&nbsp;Me contó un pajarito que viene del futuro que después de esta nota querrán invitarla de vuelta. Es un verdadero placer poder conversar con esta mujer con su memoria fresca de personajes tan importantes para nuestra cultura y nuestra educación. El recuerdo de su madre es nuestro homenaje en la fecha.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-41ewjekp_YUUnYdh7r2g2sBNHI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2025/10/maria_luz_manauta.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>María de la Luz Manauta Herrero, hija de la docente Francisca Herrero de Manauta —quien da nombre a la Escuela Secundaria N°14— y hermana del escritor Juan José “Chacho” Manauta, visitó por primera vez la institución durante la Semana del Arte. En diálogo con El Debate Pregón, recordó la vida, la vocación y el compromiso social de su madre, una maestra que dedicó su vida a sacar a los chicos humildes del analfabetismo.]]>
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                <updated>2026-02-19T13:40:08+00:00</updated>
                <published>2025-10-19T16:00:00+00:00</published>
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            Charito: el status y su precio (resumen)
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uAV7USy_g9va9e34AYIuhciueOc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2025/10/manauta.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>LEA AQUÍ EL ENSAYO COMPLETO</p><p>El presente trabajo es un análisis sociológico del cuento largo "Charito" de Juan José Manauta, un autor catalogado en la generación literaria del 55’ dentro de los autores del realismo. La narrativa de Manauta "está atravesada por una protesta social que trasciende hasta la actualidad".</p><p>El objetivo central de este análisis es responder interrogantes sobre: "¿De qué manera se cristalizaban las estructuras y roles sociales, en Gualeguay, entre 1920 y 1930?" y "¿Qué implicancias tenían estas configuraciones en la subjetividad de los individuos?". Para ello, se utilizan conceptos curriculares clave como ‘sociedad’, ‘roles’, ‘status’, ‘clases’, ‘capital’, ‘género’, ‘subjetividad’ y ‘estigmatización’, apoyándose en autores como Marx, Durkheim, Goffman, Bourdieu y Comte, entre otros.</p><p>Estructura y contexto de la obra</p><p>El relato de Charito se enmarca en la ciudad de Gualeguay, entre 1916 y 1935, considerada la ‘época dorada’ del pueblo en expansión. A nivel nacional, este período incluye el ascenso del radicalismo al poder y la crisis del modelo agroexportador. No obstante, a nivel local, "no se había terminado de consolidar el desplazamiento de la élite en los principales focos de poder, y mucho menos el fin de su hegemonía por sobre el cuerpo social en las urbes". Esta clase alta estaba "nucleada en el Jockey Club y el Club Social" y "regía por sobre las clases bajas e impedía la democratización de los espacios sociales mediante la utilización del fraude".</p><p>La historia narra "una aparente historia de amor entre Rosario Fuenzalida y Pablo Minaverri". El cuento largo está "dividido en dieciséis entradas, en las que se manejan dos temporalidades": el presente, donde Rosario le entrega una carta a Pablo, y el pasado, donde la lectura de la carta reconstruye los sucesos.</p><p>La caída social y el estigma</p><p>En el contexto social de Gualeguay, la familia tiene cimientos cruciales, siguiendo a August Comte, quien afirmaba que "la sociedad se construye sobre los cimientos de la familia". Pablo Minaverri, "varón heredero de la cuantiosa riqueza de su ‘linaje’", fue educado por su madre y hermanas en la convicción de que su fortuna "no puede verse perturbado por la inclusión de una orillera deshonrada a su familia".</p><p>La familia Minaverri supo "aprovechar coyunturas económicas y cuidándose en las apariencias públicas" para aumentar su fortuna. En contraste, los Fuenzalida, aunque inicialmente socios, vieron su ruina. Esta ruina se debió al accionar de los hombres de la familia: Francisco Fuenzalida (padre) perdió su riqueza por el alcohol y malas decisiones, y Gonzalo Fuenzalida (hermano) fue "asesinado a puñaladas durante una riña en el prostíbulo ‘El Cuerno Dorado’".</p><p>Rosario Fuenzalida, con dieciocho años, fue "la única víctima sobre la que recayeron las consecuencias". Pablo, ante los sucesos humillantes, se encontró frente a un dilema moral y amoroso: "¿Casarse con la Charito, hija de aquella familia señalada por la sociedad, o alejarse completamente de ella, aunque fuese la mujer de la cual estaba enamorado?".</p><p>Al final, Pablo actuó, y "todo el peso del estigma social cayera sobre Charito". Ella pasó de ser 'la hija menor de la familia empobrecida y deshonrada’, a ser ‘pobre, deshonrada, y amante desvergonzada’ del soltero más codiciado de Gualeguay.</p><p>El estigma, según Erving Goffman (1963), es "la posesión de un atributo profundamente desacreditador . . . que estigmatiza a un tipo de poseedor pero que normaliza a otro". En la sociedad gualeya del siglo XIX, Charito no encajaba en la concepción de mujer ‘normal’. Su identidad estaba signada por elementos que ella no poseía, debido a "circunstancias ajenas a sí misma y por acción social de terceros".</p><p>Sumida en deudas heredadas, Charito perdió su casa familiar a manos de los Minaverri y se vio obligada a vivir en la periferia de Gualeguay. Así, Charito "consolidó su estigma de orillera convirtiéndose en costurera de mujeres de clase alta, las mismas que antes habían sido sus amigas".</p><p>La pérdida de capital y la subjetividad coercida</p><p>A pesar de su situación, el romance clandestino "siempre a voces" continuó. La madre de Pablo, Doña Paula, y sus hermanas, Teresa y Patricia, estaban "aterrorizadas de que esta orillera ‘engatusara’ a su heredero varón y fraccionara la fortuna familiar".</p><p>En este contexto, Pablo exhibió la "flexibilidad y frivolidad en su desenvoltura social" típica de un mundo capitalista vertiginoso, donde "la estabilidad es ‘peligrosa’". Para Pablo, la estabilidad, que habría sido el matrimonio con Charito, era "además de ‘deshonrosa’, implicaba compartir la fortuna con una mujer que ya no tenía ‘valor de alcurnia’". Por lo tanto, Pablo "legitimó y acrecentó distancia que ‘sus mujeres’ exigían que tuviera con la orillera".</p><p>La exclusión de Charito de su esfera social anterior se cristalizó cuando Pablo le comentó la decisión del Club Social:</p><p>“En el Club Social han eliminado tu nombre como si hubieses muerto . . . Me opuse, desde luego, protesté, intenté pagar las cuotas atrasadas desde la muerte de tu padre, pero no hubo nada que hacer” (Manauta).</p><p>Esto ilustra la "triple degradación de Charito en su posición social: Clase ⸺ámbito material⸺, Status ⸺prestigio⸺, y partido ⸺participación política⸺" (teoría de M. Weber). Charito dejó de poseer el capital social (Bourdieu), que es "la acumulación de recursos reales o potenciales que están unidos a la posesión de una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de reconocimiento mutuo". Aún después de la muerte de su madre y hermana, Pablo le pidió a Charito que no asistiera a los velatorios. Finalmente, su hermana Patricia, postrada, no cesaba de repetirle que "no debía, bajo ningún concepto, casarse con la orillera y humillar (más) a la familia".</p><p>El punto de inflexión ocurrió cuando, en una conversación con una mujer foránea que desconocía los "tabúes típicos de un pueblo pequeño como Gualeguay, en el que las cosas se sabían, pero no se hablaba de ello", esta le preguntó a Charito cuál era la necesidad de trabajar tanto, teniendo en cuenta que Pablo Minaverri “es un hombre riquísimo” (Manauta). Charito, "Consciente de las miradas ajenas, los prejuicios, y los deprecios sociales ⸺incluso del propio Pablo⸺", entendió que su identidad había sido "trastocada por los vaivenes de un hombre más preocupado por su status y capital, que por hacerle caso a su corazón".</p><p>La liberación de Charito y el derrumbe de Pablo</p><p>Veinte años después de que Pablo había "cercenado la reputación de Rosario en una sociedad que valoraba las jóvenes que llegaban vírgenes al matrimonio, que no trabajaban deshonrosamente de costureras y que no eran ‘amantes sanguijuelas’ de los ‘buenos señores’ como él", la carta final de Charito contenía la respuesta a su situación. María del Carmen, la niña que Charito había adoptado, la invitaba a mudarse con su esposo Gerardo al Gran Buenos Aires, para que Charito pudiera "abrir su propia tienda de modas y diseño".</p><p>Al leer esto, "Pablo se dijo al fin que aquello podía ser el derrumbe” (Manauta). Pablo vio crecer su fortuna, pero también "vio crecer su soledad atrapado las paredes de mármol de su mansión". Charito, por su parte, "había entendido que ya no era la misma... pero ahora podía elegir ⸺por sí y para sí⸺su propio camino".</p><p>La conclusión del análisis sociológico es que, en el Gualeguay de la época, "la posesión de capital económico y social [era] imprescindible para ser alguien". La identidad de los sujetos estaba ligada a sus posesiones materiales y al status social. El análisis subraya que el futuro de Charito fue marcado por el accionar de los hombres de su familia, quienes no fueron juzgados. Tampoco fue juzgado Pablo Minaverri, "cuyos actos no contemplaron las consecuencias sobre la imagen ⸺y con ella, las posibilidades⸺de Charito", evidenciando la "composición patriarcal de nuestra cultura". La sociología de la educación permite desentrañar cómo estos valores culturales se transmiten, reproduciendo cosmovisiones paradigmáticas que perduran en el tiempo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uAV7USy_g9va9e34AYIuhciueOc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2025/10/manauta.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Retomamos la publicación de trabajos académicos del Instituto Leloir. En esta oportunidad, tenemos el agrado de compartir el análisis de un cuento de Manauta hecho para Sociología de la Educación. Su autora es Agustina Bidegain y la docente Sofía Cerrudo. Sin embargo, les recordamos que esto es un resumen. Pueden disfrutar del trabajo completo en el enlace aquí debajo. Cualquier pérdida producto de la reducción corre por cuenta nuestra.]]>
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                <updated>2026-02-19T13:40:08+00:00</updated>
                <published>2025-10-05T17:00:00+00:00</published>
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